Gabriel García Márquez, el Nobel de Literatura costeño, cultivó una profunda conexión con Valledupar y el vallenato, un vínculo que se refleja tanto en su vida personal como en su obra literaria. A lo largo de sus visitas a la ciudad, que oficialmente se justificaban por la promoción de sus libros y textos, el escritor buscaba fortalecer su amistad con figuras emblemáticas de la música vallenata, como el compositor Rafael Escalona y Consuelo Araújo Noguera.
En una de sus crónicas más memorables, García Márquez describió el vallenato como un elemento esencial de su identidad cultural. De hecho, él mismo afirmó que “Cien años de soledad” era “un vallenato de 365 páginas”, subrayando la importancia de esta música en su obra y en el folklore colombiano.











