Cuando se habla de la obra de Carrillo se le suele ubicar regularmente en una porción de sus preocupaciones filosóficas: la Filosofía del Derecho. Pero hoy, al conmemorar su natalicio, queremos ubicarnos en otro tema filosófico donde con sus análisis también hizo aportes, y compartir la siguiente información.
Leímos en estos días el trabajo de grado realizado por el estudiante Manuel Moreno para optar al título de doctor en filosofía, “Técnica y Humanismo en la Normalidad Filosófica”, donde menciona, entre otros protagonistas de esa tensión que se vivió en los inicios de dicho proceso, el debate entre Carrillo y Rodríguez Páramo de 1934. Lo que inicia como una discusión sobre el proceso del conocimiento, deriva de inmediato en un choque en torno a la identidad filosófica y cultural del país.
Mientras Rodríguez Páramo, como bien lo dice Moreno, defendía una autonomía cultural que prescindiera de influencias externas y privilegiara una filosofía autóctona, Carrillo sostenía que la asimilación de corrientes europeas —en particular la española— era una condición necesaria para insertar a Colombia en un horizonte filosófico más amplio.










