CULTURA

Los profesionales sin oficio que egresan de los conservatorios universitarios

Una reflexión crítica sobre la formación musical en Colombia y la desconexión entre la academia y el mercado laboral, donde muchos egresados de conservatorios enfrentan dificultades para ejercer su profesión.

Rosendo Romero Ospino - Columnista de El Pilón

Rosendo Romero Ospino - Columnista de El Pilón

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En las mejores universidades privadas, y por supuesto en la Universidad Nacional, forman músicos conocedores de la música universal, de la verdadera música, la que por muchos siglos se le ha llamado clásica; porque, a decir verdad, las músicas populares no son sino algo así como fragmentos simples de lo que es una sinfonía.

Un estudiante se gasta una fortuna y dura de cuatro a cinco años preparándose, y después que se gradúa sale a aventurar en un desierto de desocupación frustrante, porque en Colombia a muy pocas personas —se puede decir que son selectos los oyentes— les apasionan Mozart, Vivaldi, Liszt, Beethoven, Tchaikovsky, etc. La Sinfónica de Colombia no alcanza para tantos músicos varados, igual que en las principales ciudades de Colombia, de toda Suramérica y de todo el mundo.

Mientras tanto, con cierta incredulidad e inconformidad, los músicos graduados en Colombia empiezan a descubrir que un pianista, un trompetista, un guitarrista o un bajista empírico trabaja con la agrupación más cotizada del momento. ¡Caramba, sí! Porque, definitivamente, en Colombia, en un 90 por ciento, los éxitos los ponen los músicos empíricos.

Cantantes que fueron recolectores de café o de algodón manejan entonación, afinación y ritmo, voz de pecho, voz de cabeza; tienen dominio de sus resonadores, hacen variaciones del timbre de su voz pasando de voz de pecho a voz de cabeza sin perder la afinación. Pregunta: ¿el muchacho perdió el tiempo estudiando en un conservatorio universitario?

No. Lo que ocurre es que las universidades tienen que salir de ese elitismo vejestorio. Sí, claro, hay que estudiar a los músicos universales, pero también se deben conocer y enseñar el folclor y las músicas populares, 50 y 50. Los colombianos somos ricos musicalmente. ¿De qué sirve que un muchacho nuestro conozca ‘La primavera’ de Vivaldi y desprecie el vallenato simplemente porque sus profesores levitan en las nubes de superioridad frente a los demás seres humanos?

La salsa, el merengue dominicano, la ranchera, la gaita zuliana, la balada, el rock, el chamamé, la cumbia, la bachata, la música popular colombiana (me refiero a la ranchera al estilo Darío Gómez) y el vallenato generan oficios; y si los músicos son de conservatorio, habría evolución y la gente se animaría a salir del empirismo. En Colombia hace más de 100 años que se están sacando músicos de conservatorio que trabajan en todo menos en la música; eso es triste.

Por: Rosendo Romero Ospino

Temas tratados
  • conservatorios
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  • música clásica
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