Hace algunos días, como es su costumbre, el editorialista de EL PILÓN se nos vino con otro más de los temas que debemos abordar para bien del ejercicio de proyección del desarrollo endógeno. En esta ocasión intentaré responder la pregunta que titula su escrito: “¿Cuál es nuestro turismo?”.
En repetidas oportunidades, he expresado la diferencia que debemos tener en cuenta entre los conceptos tradición y vocación. La tradición hace parte de la historia y las costumbres en que esta se desarrolla. La vocación es el resultado del aprovechamiento de las potencialidades que nos ofrece el entorno. Esta conceptualización para entender que la actividad agropecuaria, que equivocadamente hemos llamado “vocación”, en todo el tiempo que le hemos dedicado, es realmente una tradición, ya que, en esta región, no se cuenta con elementos, estructurales ni ambientales, para su desarrollo y garantías de permanencia.
La verdadera vocación se construye a partir del fortalecimiento de las potencialidades con que contamos: es decir, convirtiendo las ventajas comparativas, materiales e inmateriales, en ventajas competitivas. El sector del turismo cultural tiene todas las características para estructurarlo como nuestra verdadera vocación. Bien se refiere el editorialista a este sector como un elemento diferenciador frente al turismo de playa, de la costa Caribe colombiana, que bien pudiera incluirse a Valledupar como atractivo turístico a los usuarios de estos destinos; como ejemplo de posibilidad real, aquellos que del interior del país visitan a Mompox pasan una noche en Valledupar, municipio que está a la misma distancia que de Valledupar a Santa Marta.











