Entre finales de los años 70 y principios de los 80, la orquesta Jossie Esteban y la Patrulla 15, famosa agrupación considerada entre las de mayor atracción en la música merenguera, retumbaba en los oídos de quienes en Colombia, empezaban a gozar con la música tropical.
Valledupar, no fue la excepción. Jossie Esteban y la Patrulla 15, se mezclaba entre las canciones vallenatas que, vehementes, permanecían en la vida cotidiana de los habitantes de la ciudad de los Santos Reyes.
Tanta fue la influencia de la famosa agrupación tropical, que un grupo de amigos amantes de las motos que se hicieron llamar El Clan de los 12, les tocó cambiarse el nombre porque sus integrantes habían aumentado a 15. Se hicieron llamar entonces La Patrulla 15, y con el Esteban no había problema, porque uno de los integrantes llevaba orgulloso el pseudónimo.
En tiempos de carnavales, los de la Patrulla 15 se reunían, exhibían las motocicletas de alto cilindraje que apasionadamente cuidaban y llenaban de lujosos accesorios, convirtiéndolas en una atractiva muestra callejera de vehículos en dos ruedas. Elegían una capitana que mostraban orgullosos y competían con otros grupos amantes de las motos que, progresivamente, empezaban a emerger en la ciudad.
Las capitanas pertenecientes a cada grupo, participaban en una especie de reinado y la ganadora debía estar presente en cada actividad realizada por los fanáticos motociclistas. Las bellas vallenatas iban de generación en generación y algunas podían contar con orgullo, el hecho de que su mamá y abuela también hubiesen obtenido el título de Capitanas en su generación, lo que llevó a que fuera normal que barrios como el Cañahuate y el Obrero mantuvieran esa tradición por un largo tiempo.
La popularidad de los famosos desfiles fue tanta, que en poco tiempo se convirtieron en los encargados de abrir actividades de tipo político, religioso, cultural o deportivo. La Patrulla 15 del Nene Moto, la más popular de todos estos grupos, también encabezaba las caravanas de lanzamientos musicales de los artistas vallenatos más tradicionales como Diomedes Díaz y Poncho Zuleta, cierres de campañas políticas y hasta la muerte de algunos famosos cantantes.
La Patrulla 15 mantuvo su nombre, pero no eran precisamente 15 sus integrantes. Cada miembro buscó 10 ó 15 personas y éstas a su vez otras 10 más. En poco tiempo eran 150 los integrantes que se organizaron como club adquiriendo personería jurídica, crearon estatutos y se vincularon formalmente a las actividades en las que venían participando.
Los desfiles eran majestuosos, “enfilaitos” iban uno tras otro. Camiseta y banderas, adornaban y le daban atracción al recorrido. Se establecían paradas para que la gente pudiera apreciar las motocicletas y no se podía pasar por clínicas ni funerarias, tampoco se entraba al centro para no colapsar la movilidad en la ciudad.
El Nene Moto controlaba el desfile. Iba adelante y ningún motociclista podía sobrepasarlo. Solo se podía conducir a 10 ó 15 kilómetros por hora. La maicena no se le podía echar a nadie y menos se tiraba sino que se untaba.
Hoy la situación es diferente. El Nene Moto apoya la prohibición de las caravanas “informales” en la ciudad porque le parece que se han convertido en un foco de desórdenes e inseguridad.
En los pasados carnavales solicitaron ante la alcaldía una zona específica para disfrutar de la tradicional fiesta y no fue viable por el caos que hubo.
Sin embargo, los grupos de motociclistas de la ciudad, trabajan para poder rescatar su tradicional desfile el próximo año y establecer la zona carnavalera donde puedan seguir siendo los protagonistas.
Ahora, su presencia es más fuerte en casetas de municipios vecinos y cada domingo se pasean por sus calles para mantener la tradición, mientras esperan el momento y la oportunidad de volver a hacerlo con tranquilidad y organización en Valledupar.
Por: Antonio Peralta Nieto






