A finales de noviembre de 1991, el escultor bogotano Gabriel Beltrán llegó a Valledupar para instalar su obra plástica más reconocida, titulada “Mi Pedazo de Acordeón”, en homenaje a Alejo Durán, el primer rey vallenato.
Esta escultura abstraccionista, de diez metros de largo, siete de ancho y alto, y un peso de ocho toneladas de puro hierro sudafricano, se ha convertido en un símbolo representativo de la capital del Cesar, especialmente durante el Festival de la Leyenda Vallenata.
Origen e inspiración
Para crear la obra, Beltrán recorrió los bares de La Candelaria en Bogotá para encontrar un acordeonero que le explicara detalladamente las partes de un acordeón. “(Un músico) me indicó cuáles eran los bajos, los pitos, el fuelle, los botones y cada uno de los elementos que hacen parte del mágico instrumento alemán, concretamente un Hohner”, comentó el escultor.











