Siete décadas de versos y jovialidad, ingenio y gracejo, destreza rítmica y consolidación constante de su dignidad de rey se durmieron un día de abril en que su flujo sanguíneo extravió el camino y no llegó a su cerebro, morada de células que entonces fueron privadas de oxígeno y nutrientes esenciales para vivir, por lo que muchas murieron llevándose con ellas gran parte de las habilidades verbales, mentales y motrices del monarca. Un mal chiste para alguien como él, que se ha pasado la vida componiendo, cantando, bailando, viajando y ejerciendo el don sagrado de la palabra que le fue dado.
Un año antes, (abril de 2017) él – Andrés Emilio Beleño Paba – estaba en una tarima protagonizando una disputa de versos para ascender a la categoría de rey de reyes del Festival de la Leyenda Vallenata; aunque el puntaje no le alcanzó para llegar a la meta, sus improvisaciones cantadas ratificaron su esencia real y, sobre todo, refrendaron el sitial que solo él ocupa en ese certamen: rey vitalicio de la piqueria. Fue en abril, hace cuarenta años, que fue coronado como primer rey de la piqueria del Festival, que para ese año alcanzaba su versión número 12 y estrenaba este concurso.











