Con la ayuda de los profesores Mirian David y Héctor Segura, ingenieros ambientales de la Universidad Popular del Cesar, pero también con una caminata que realicé hasta la cúspide de este cerro, en compañía de un mamo wiwa y otro kogui, fui descubriendo los diferentes árboles que íbamos encontrando por el caminito tortuoso y a veces interrumpido por la maleza, ejercicio con el que pude obtener el nombre de algunas especies vegetales que viven en el cerro.
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En el mes de diciembre pude observar que el cerro lucía adornado con flores moraditas; estas nacían de un bejuco que se extendía por todas las copas de los árboles, al parecer eran de la misma familia del roble.











