Soledad dentro y afuera de la iglesia ‘La Inmaculada Concepción’, así como en los alrededores de la plaza Alfonso López, fue lo que primó ayer en el día del patrono de Valledupar, en contraste con las multitudes que se apreciaban en años anteriores, pero no por falta de devotos, sino por el confinamiento de las familias para mitigar el Covid-19. El acto litúrgico se realizó a puerta cerrada, el cual fue transmitido por diferentes medios de comunicación y redes sociales.
Es de recordar que por fe año tras año muchos se acercan a su altar para tocarlo y verlo, acudiendo a él para que los sanen o los ayuden con sus problemas y otros para pagar alguna promesa que le hicieron. Otra particularidad fue la ausencia del obispo presidiendo la eucaristía; en esta ocasión lo hizo el párroco Enrique Iceda Guerra, quien aprovechó la homilía para trasmitir un mensaje de esperanza y fe.











