CULTURA

Estaciones musicales en el vallenato

La Paz, Cesar, es epicentro de gestas mayúsculas en la historia del vallenato, antes, durante y después de la industria, y algunos de sus protagonistas son evocados en esta crónica de Nuestra Cultura.

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Si la casa de los López Gutiérrez en La Paz hablara nos diría que los trashumantes acordeones y acordeoneros, peleadores entre sí, de renombre, relatores de música, celestinos de amores fugaces y sin dueños, rodeado de bochincheros comentaristas, constructores y desmitificadores de historias de las que muchos quieren adueñarse, las cuales al ser contadas por estos vestidos con camisas ajenas, saben que ese instrumento los sonsacó a hacer de todo, para que a punta de fuelle se construyera una historia real, que nos sirve de orgullo provincial.

Esa aldea conformada por casas de bahareque, en que se convirtió La Paz, una población cercana a Valledupar, fundada el 24 de enero de 1775 por Simón de Torres, Arcisclo Arzuaga, Leonardo del Castillo y Juan Oñate, llamada en sus inicios Cerros de la Paz, Villa de la Paz, Los Robles y cuyo gentilicio es pacíficos, se convirtió con el pasar del tiempo en una especie de corredor que por la década del 30 terminó convertida en una especie de estación musical por el ruido que producían esos instrumentos, que no se han cansado de gemir música, que llegaban de distintas partes y alegraban los días con sus noches de una población, simbolizada en un gran corredor para el comercio, pero ante todo para los músicos que sin nombre, terminaban en esa casa que se convirtió en un gran punto de encuentro, para nutrir y llenar con lo que ese instrumento brotaba y nutrirse ante la búsqueda creativa, de tanta mentes acordeoneras.

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