Predijo que los árboles llorarían cuando arribara el verano, pintó a una diosa moviendo la cadera al compás del desprecio y sentenció que el rojo era el color del sexo, pero también de la ira. La radio fue su escuela, su única amiga. Sabía que su verdadera oscuridad era el silencio. “Observar es oír lo que se habla a mi alrededor”, manifestó.
Cuando era un niño descubrió que sus padres, Abel y Nacha, lo trataban diferente a sus hermanos, así que le preguntó a su tía Erótida por qué sucedía eso.
—Eres ciego —le dijo ella.
—¿Ciego? —preguntó él.
—Es cuando todo está negro.
—¿Negro?
—Sí, negro… Como cuando sientes miedo.
—Entonces, si Abel y Nacha no me ven, ¿es porque me tienen miedo?











