El cielo es una hamaca grande,
Con urdimbre de cuentos e historias,
Tejidas en cancioneros de poetas trajinantes,
Trashumancia del alma de caserío en caserío,
De ramal en ramal,
De pueblo en pueblo,
Narradas en composiciones de hilos de ensueño,
Trenzados en melodías brotadas del corazón,
Fluyendo en entramados de acordes,
Soplados en un acordeón,
Tornillo e máquina.
El cielo sí, definitivamente que sí,
Es una hamaca grande,
Tejida en telas de cuentos de antaño,
En la crónica y la narración,
Vociferada como con una alta voz,
Por el grito alegre de abuelos descalzos,
Paseando en burro su vida,
Persiguiendo sus sueños,
Y dejando que el tiempo se escape y se mida,
Con el cronómetro,
En el humo del tabaco campesino,
Del fuego del viaje del labrador y del vaquero,
Columpiando de un lado a otro sus penas,
Buscando el fresco de la brisa,
En las promesas de un nuevo amor pasajero.
No hay duda, el cielo sí, que es una hamaca bien grande,
Adornada con infinitos surcos cromáticos,
Arrancados de un arcoíris,
Que celebra su recorrido,
Por allá desde Macho Bayo,
Estallando en coloridas composiciones,
Con aires musicales de paseo,
De merengue, de tambora, de puya y de son.











