Pese a todos los corsets que ortodoxos le han querido aplicar al género vallenato, este ha sido más una música de rupturas que de continuidades, “un lenguaje en permanente reconstrucción”, como lo expresa el musicólogo Héctor González. Aunque rayemos el disco diciendo que el único y legítimo repertorio vallenato son las formas festivaleras (puya, merengue, son y paseo), la historia nos demuestra que ese canon no le ha impedido a los músicos explorar nuevas formas de hacer vallenato, que no encajan en las cuatro formas tradicionales.
Ya el músico Roger Bermúdez expresó en su libro que en el vallenato existen formas interinas, que son “exploraciones en búsqueda de ajustes o acomodación con inclusión de elementos autóctonos y advenedizos”.
Precisamente, en este campo de acomodaciones cabe lo que ha sido llamado “paseo chandé”, “jamaqueo” o “son corrido”, “brincoleo”. Después de recibir toda una suerte de denominaciones, al fin, los músicos y los medios han acordado implícitamente llamarlo “chandé”, y que ocupa buena parte del repertorio del movimiento nueva ola del vallenato.











