El Cuento de Pepe
En una tarde muy caliente de Maracaibo, cuando apenas cambió de dirección el sol, a eso de las tres de la tarde, nos sentamos en la terraza del hotel Victoria, un grupo de provincianos, de quienes hacíamos parte Efraín Quintero, Dámaso Villazón, José Vicente Bernardinelly, Herminio Bernardinelly, Tirso Maya y yo.
Tratábamos de distraer lo que quedaba del día, y disfrutábamos además de las brisas frescas que a esa hora comenzaban a soplar provenientes del lago. Al frente nuestro estaba situada la hermosa plaza Baralt y a la derecha de ésta quedaba el mercado de la ciudad, lugar que a diario visitábamos con el fin de que don Joaquín Valbuena, con paciencia, se interesara por cancelar el valor de nuestros viajes con novillos.











