El maestro Leandro Díaz tuvo la virtud de inspirarse en las mujeres dedicándoles diversas canciones, teniendo como ejemplo ‘El poder del pensamiento’ donde plasmó su sentimiento. “Yo siempre tuve la costumbre de ser amable con la mujer, y cuando me enamoraba, yo me entregaba sin condición”. Así pudo reflejar su filosofía de vida describiendo el mundo con los ojos del alma.
‘El cantor de Altopino’ construyó una cantidad de versos que nacieron con melodías propias para descifrar los secretos del amor, pero en una ocasión el destino le planteó un ‘Misterio’ y la conquista no aterrizó, conformándose con agarrarle las manos a la mujer o solamente escuchar su voz.
Todo sucedió en San Diego, Cesar, aquel pueblo hermoso y colmado de bendiciones, como lo describió el poeta-cantor Gustavo Gutiérrez Cabello. El asunto se puso tan complicado que utilizó algunas estrategias, pero a ella nada logró convencerla para que abriera su corazón. Al no poder superar las murallas emocionales, optó por hacerle un canto alegre, demostrando su inconformidad por el tiempo perdido.






