Buenas tardes señor maestro, cantando una de mis canciones el 26 de mayo en tu cumpleaños a orillas del río Badillo, llegó la negra con mi ahijado pidiendo vía, para buscar los areticos que le regaló a la doctora con dos claveles en una flor de papel. Con el besito de mi muchacho gracias a Dios que a mitad del camino volvió mi canto y entre placer y penas, el rayito de amor en mis mejores días, llegó a mi casa risueña.
No se molesten si tengo celos con rabia, te quiero mucho y hoy brindo con el alma para no perderte porque sin ti me siento como el cóndor herido, mirándose en el espejo en una noche de amor.
Mi vida musical fue la carta bonita que borró la sombra de la señora tristeza por el chanchullito del gallo y el pollo, y con la oración de la Virgen del Carmen que es lo más bonito. En mi sentir, ya no está el pecado original y las penas de un hogar.






