Exactamente hace 40 años se escuchó interpretar a Diomedes Díaz con el acordeón de Gonzalo ‘El Cocha’ Molina unos sentidos versos que eran el vestido entero de la canción ‘Sin medir distancias’, donde en el recorrido apareció una herida que se negaba a cicatrizar. Es así como el compositor Gustavo Enrique Gutiérrez Cabello exclamó: “La herida que siempre llevo en el alma, no cicatriza. Inevitable me marca la pena que es infinita”.
En ese canto estuvo fijada la constancia de los amores que marcaron su corazón y hasta tatuaron el alma. Además, trascendió su esencia silenciosa representando la pasión profunda que sumó dos etapas, tiempo y dolor.
Gustavo Gutiérrez bajo el palo de mango de la plaza Alfonso López






