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Columnista - 12 mayo, 2010

Cuidado con nosotros mismos

Desde mi cocina Por: Silvia Betancourt Alliegro Fragmento He gastado algunos años de mi madurez para lograr asimilar este especial modo de ser, esta forma de vida, este continente mental que no quiere crecer porque si lo hace el coterráneo también lo hará y esto no lo puede tolerar un auténtico vallenato. Un poder emanado […]

Desde mi cocina



Por: Silvia Betancourt Alliegro

Fragmento

He gastado algunos años de mi madurez para lograr asimilar este especial modo de ser, esta forma de vida, este continente mental que no quiere crecer porque si lo hace el coterráneo también lo hará y esto no lo puede tolerar un auténtico vallenato.

Un poder emanado del sentimiento universal hacia el amor se muestra en sus creaciones musicalizadas, pero podrían ser hipocresías, porque hasta en el cariño, que se demuestra de puertas para afuera, se palpa esa carencia absoluta de afecto hacia su progenie.

Las tribus que aun sobreviven en retazos del planeta no permiten ningún desarrollo de la casta más cercana, porque si ella crece, amenaza  su territorio, esta podría ser una explicación.

Es probable que a partir de hoy se me declare persona no grata en esta comarca en la que he escrito, prácticamente desde la clandestinidad, sobre cualquier tema que me enardezca, es que no se puede escribir sin poner la energía que emana de cada injusticia registrada por nuestro espíritu.

Las mujeres del Cesar, La Guajira y otros departamentos del caribe colombiano, han sido el recipiente de conocimientos para la vida espiritual y física, de la que me he surtido, de ellas he aprendido las más trascendentales normas que podré aplicar a escala universal; a ellas dedicaré cualquier triunfo que pueda alcanzar con mis letras.

Los machos caribes no están a la altura de sus hembras, ellas no son las damas de sus vidas, son para procrear, para servirles dócilmente y para castigarlas si se salen de los parámetros ideados e impuestos por centurias.

Por lo anterior, cuando escucho sus espléndidas creaciones vertidas en cantos, las contesto con otras mías, muy secretas, me atreveré a copiar fragmentos mínimos para que no me expulsen de sus predios.

Aquí les va una canción que escribí (adivine el ritmo) y que titulo:

Vallenato Verdadero

Tu canto miente y lo sabes.
Esas palabras escogidas para encantar a desolados
no las habitas, son tus herramientas
para adquirir casas, viajes, sexo, comida y especialmente licor.
Es probable que la historia te rotule bardo, mas qué importa
si ella narra otras mentiras de mayor cuantía.
Mientras existas seguirás emitiendo falsedades para vender.
La clientela que subyugas ignora
tu verdadero talante en la vivienda que surtes de mala gana.
Imagino en ella pasos temerosos, voces tenues
para no despertar al ogro que duerme su última borrachera.

Muchos abrazos para todas las mujeres caribes, sean madres o no y así no estén de acuerdo con lo que escribo.

[email protected]

Columnista
12 mayo, 2010

Cuidado con nosotros mismos

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Silvia Betancourt Alliegro

Desde mi cocina Por: Silvia Betancourt Alliegro Fragmento He gastado algunos años de mi madurez para lograr asimilar este especial modo de ser, esta forma de vida, este continente mental que no quiere crecer porque si lo hace el coterráneo también lo hará y esto no lo puede tolerar un auténtico vallenato. Un poder emanado […]


Desde mi cocina



Por: Silvia Betancourt Alliegro

Fragmento

He gastado algunos años de mi madurez para lograr asimilar este especial modo de ser, esta forma de vida, este continente mental que no quiere crecer porque si lo hace el coterráneo también lo hará y esto no lo puede tolerar un auténtico vallenato.

Un poder emanado del sentimiento universal hacia el amor se muestra en sus creaciones musicalizadas, pero podrían ser hipocresías, porque hasta en el cariño, que se demuestra de puertas para afuera, se palpa esa carencia absoluta de afecto hacia su progenie.

Las tribus que aun sobreviven en retazos del planeta no permiten ningún desarrollo de la casta más cercana, porque si ella crece, amenaza  su territorio, esta podría ser una explicación.

Es probable que a partir de hoy se me declare persona no grata en esta comarca en la que he escrito, prácticamente desde la clandestinidad, sobre cualquier tema que me enardezca, es que no se puede escribir sin poner la energía que emana de cada injusticia registrada por nuestro espíritu.

Las mujeres del Cesar, La Guajira y otros departamentos del caribe colombiano, han sido el recipiente de conocimientos para la vida espiritual y física, de la que me he surtido, de ellas he aprendido las más trascendentales normas que podré aplicar a escala universal; a ellas dedicaré cualquier triunfo que pueda alcanzar con mis letras.

Los machos caribes no están a la altura de sus hembras, ellas no son las damas de sus vidas, son para procrear, para servirles dócilmente y para castigarlas si se salen de los parámetros ideados e impuestos por centurias.

Por lo anterior, cuando escucho sus espléndidas creaciones vertidas en cantos, las contesto con otras mías, muy secretas, me atreveré a copiar fragmentos mínimos para que no me expulsen de sus predios.

Aquí les va una canción que escribí (adivine el ritmo) y que titulo:

Vallenato Verdadero

Tu canto miente y lo sabes.
Esas palabras escogidas para encantar a desolados
no las habitas, son tus herramientas
para adquirir casas, viajes, sexo, comida y especialmente licor.
Es probable que la historia te rotule bardo, mas qué importa
si ella narra otras mentiras de mayor cuantía.
Mientras existas seguirás emitiendo falsedades para vender.
La clientela que subyugas ignora
tu verdadero talante en la vivienda que surtes de mala gana.
Imagino en ella pasos temerosos, voces tenues
para no despertar al ogro que duerme su última borrachera.

Muchos abrazos para todas las mujeres caribes, sean madres o no y así no estén de acuerdo con lo que escribo.

[email protected]