28 mayo, 2020

¿Cuándo se pudre una manzana?

De los frutales conocidos por mí, es la manzana la que menos se pudre, por fuera o por dentro de la nevera, y siempre conserva sus propiedades organolépticas; es una fruta noble que hasta los pájaros respetan, la manzana es casi como la sal. No es como la papaya, la piña o el melón, incluso […]

De los frutales conocidos por mí, es la manzana la que menos se pudre, por fuera o por dentro de la nevera, y siempre conserva sus propiedades organolépticas; es una fruta noble que hasta los pájaros respetan, la manzana es casi como la sal. No es como la papaya, la piña o el melón, incluso el banano, que son muy perecederos.

Si en un cultivo de manzanas vemos una manzana podrida, podríamos afirmar que no es por su naturaleza sino por cuestiones exógenas, p.ej., deficiencias fitosanitarias, agrológicas o porque algún herbicida ha sido mal aplicado. Por eso creo que la expresión “manzanas podridas” es una hipérbole, casi una ausencia de posibilidades pero que, en una sociedad, puede ocurrir y cuando esto sucede, la putrefacción comienza en las manzanas más robustas como si fuera un proceso selectivo; más, la naturaleza no opera así.

El mensaje es que ese tipo de cosas es ajena a una institución. Por estos días se habla de las manzanas podridas de las FF.MM., como consecuencia de las reiterativas contrataciones no bien estructuradas y por hacerle inteligencia y seguimiento a hipotéticos blancos o enemigos del Gobierno: líderes sociales, periodistas nacionales y extranjeros, políticos y funcionarios.

El concepto de enemigo interno, propio de los regímenes de fuerza, es un constructo de la inmadurez democrática y de la irracionalidad argumentativa para gobernar, celosa por mantenerse en el poder sin ser tocada.

La controversia ideológica, la revisión de procesos y métodos, jamás son un peligro para ninguna sociedad; por el contrario, enriquecen las categorías democráticas y los valores dentro de ella. Si son descubiertos estos atajos como el de las FF.MM., el Estado, en especial cuando carece de legitimidad en cuanto a gobernanza se refiere, siempre trata de banalizar, delimitar y diluir responsabilidades, y es ahí donde surge el concepto de “manzanas podridas” con el objetivo de sancionar sólo a unos cuantos operadores que, aparentemente, actúan como ruedas sueltas en la cadena de mando.

En todos los ejércitos del mundo las estrategias son diseñadas por los altos mandos y sus gobiernos, allí no se mueve una sola hoja aisladamente, todas las piezas tienen que encajar en el diseño militar; aquí, los civiles no están ausentes; por eso, un general prusiano dijo: “La guerra es muy seria para dejarla en manos de los militares”.  

Por supuesto, no todos los miembros de una institución militar comparten sus directrices porque algunas de ellas chocan con su formación hogareña; gracias a eso es que se sabe lo malo que allí ocurre. Y, pese a esta rígida estructura cívico-militar, algunos pasan por encima de los escrúpulos y comienzan a podrirse; los incentivos son poderosos e irresistibles para quienes carecen de una sólida formación: ascensos, vacaciones, contratos; también, la mafia asecha.

Al ejército, como a cualquier institución, así sea religiosa, llega gente de todos los pelambres y consignas: desleales, cazadores de fortunas, aduladores, trepadores. Que haya más de 300 personas en el lote de manzanas podridas significa que la metástasis patógena avanzó mucho y ya es una organización paralela.

Sin embargo, estoy seguro de que estas no son las FF.MM., que siempre nos han dicho que son, aquí hay más de una golondrina haciendo verano, poniendo en riesgo su misión y ya nadie dirá las “gloriosas FF.MM.”.