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Columnista - 13 marzo, 2010

Costumbres Perdidas.

Por: Julio Celedon Los avances de la tecnología y el desmesurado e inevitable crecimiento global del internet, han traído como consecuencia una serie de cambios a todos los pueblos del mundo, es tanto el adelanto de la ciencia que no existe un lugar de la tierra por muy recóndito que sea, en donde no lleguen […]

Por: Julio Celedon

Los avances de la tecnología y el desmesurado e inevitable crecimiento global del internet, han traído como consecuencia una serie de cambios a todos los pueblos del mundo, es tanto el adelanto de la ciencia que no existe un lugar de la tierra por muy recóndito que sea, en donde no lleguen sus tentáculos.
Hoy vemos tribus bosquimanas en África en donde al menos hay un teléfono celular, o sin irnos tan lejos hay hordas trashumantes en el amazonas en donde perfectamente podemos observar a algunos de sus miembros escuchando música en un radio transistor o hasta en un ipod, es el mal llamado ‘progreso’ o una degeneración del mismo, es la misma tecnología que le permite a Jojoy y compañía contar con portátiles y teléfonos satelitales en nuestras selvas y montañas, herramientas imprescindibles para que estos delincuentes lleven a cabo sus triquiñuelas y fechorías.

No quiere decir que yo esté en desacuerdo con los  desarrollos científicos, no, muy por el contrario estoy totalmente sintonizado con todos estos procesos evolutivos tanto que gracias a ellos es que muchos de ustedes están leyendo esta columna, lo que no comparto es que contaminen y avasallen, que intervengan en la sencillez de la cotidianidad haciéndonos la vida más complicada, nada más observen nuestra niñez comarcal, quienes en su vulnerada inocencia ya no quieren jugar las rondas infantiles con las que muchos de nosotros alcanzamos a divertirnos sanamente, yo usé ‘telebolito’ y Atari, pero prefería jugar al ‘escondio’, a ‘la lleva’, al ‘batepatiao’, ‘la peregrina‘, una cantidad de pasatiempos fabulosos, con los que en nuestra despreocupada infancia nos deleitábamos.
Recuerdo como hoy cuando un día mi papá (q.e.p.d) nostálgicamente durante un almuerzo, me contó como humilde e inocentemente se distraía de niño en su pueblo natal; ese día mi mamá nos preparó un exquisito sancocho de mondongo con ‘bollito de masa’  tal cual como le gustaba a mi viejo, y él tomó en sus manos uno de los huesos de pata de res que llevaba la sopa y me explicó que esas osamentas las guardaban después de las comidas y después las ponían en el patio por varias horas, para que las hormigas se comieran cualquier vestigio de comida y grasa, dejándolos bien limpios, luego en una especie de reciclaje didáctico retomaban esos huesos bien pelados por los voraces insectos y los usaban para recrearse con ellos como si fueran unas vaquitas, les hacían sus potreros y corrales, los muchachos retozaban felices durante horas con sus ficticias ganaderías.
Gracias a Dios tuve unos padres que procuraron en su momento darme ciertos gustos y juguetes, pero disfruté bastante del entretenimiento con mis amigos durante mi infancia, volando cometas, jugando boliche y bailando trompos de madera, no de plástico como los  de la actualidad.
Hoy día los niños solo quieren jugar ‘Play Station’, ‘Nintendo Wii’ y peor aún algunos están sumidos en las maquinas tragamonedas que hay en algunas  tiendas, de esas que llaman ‘bazuco electrónico’ porque generan una adicción similar a la ocasionada por la maldita droga, ya las tareas no las hacen con diccionario e enciclopedia en mano como anteriormente hacíamos, ahora Google lo hace por ellos.
Qué bonito sería que la tecnología no hubiese llegado de la forma arrolladora que lo hizo, lo más triste es que nosotros mismos nos encargamos de archivar ciertas sanas costumbres, para darle cabida a fantasías efímeras que dizque nos facilitan la vida, acaso no era un mejor detalle redactar una carta con nuestro puño y letra que escribirla a los correos electrónicos, hoy si el internet no funciona o no tenemos un Blackberry entonces no nos comunicamos con nuestros seres amados, ahora llamar por teléfono celular no es lo ‘play’ o lo ‘in’, actualmente lo que está de moda es comunicarnos a través de los mensajes de texto desde estos innovadores aparaticos, sin darnos cuenta nos convertimos en unos autómatas sin identidad que simplemente nos dejamos llevar por lo que la ciencia y la moda nos impongan.
[email protected]

Columnista
13 marzo, 2010

Costumbres Perdidas.

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Julio Mario Celedon

Por: Julio Celedon Los avances de la tecnología y el desmesurado e inevitable crecimiento global del internet, han traído como consecuencia una serie de cambios a todos los pueblos del mundo, es tanto el adelanto de la ciencia que no existe un lugar de la tierra por muy recóndito que sea, en donde no lleguen […]


Por: Julio Celedon

Los avances de la tecnología y el desmesurado e inevitable crecimiento global del internet, han traído como consecuencia una serie de cambios a todos los pueblos del mundo, es tanto el adelanto de la ciencia que no existe un lugar de la tierra por muy recóndito que sea, en donde no lleguen sus tentáculos.
Hoy vemos tribus bosquimanas en África en donde al menos hay un teléfono celular, o sin irnos tan lejos hay hordas trashumantes en el amazonas en donde perfectamente podemos observar a algunos de sus miembros escuchando música en un radio transistor o hasta en un ipod, es el mal llamado ‘progreso’ o una degeneración del mismo, es la misma tecnología que le permite a Jojoy y compañía contar con portátiles y teléfonos satelitales en nuestras selvas y montañas, herramientas imprescindibles para que estos delincuentes lleven a cabo sus triquiñuelas y fechorías.

No quiere decir que yo esté en desacuerdo con los  desarrollos científicos, no, muy por el contrario estoy totalmente sintonizado con todos estos procesos evolutivos tanto que gracias a ellos es que muchos de ustedes están leyendo esta columna, lo que no comparto es que contaminen y avasallen, que intervengan en la sencillez de la cotidianidad haciéndonos la vida más complicada, nada más observen nuestra niñez comarcal, quienes en su vulnerada inocencia ya no quieren jugar las rondas infantiles con las que muchos de nosotros alcanzamos a divertirnos sanamente, yo usé ‘telebolito’ y Atari, pero prefería jugar al ‘escondio’, a ‘la lleva’, al ‘batepatiao’, ‘la peregrina‘, una cantidad de pasatiempos fabulosos, con los que en nuestra despreocupada infancia nos deleitábamos.
Recuerdo como hoy cuando un día mi papá (q.e.p.d) nostálgicamente durante un almuerzo, me contó como humilde e inocentemente se distraía de niño en su pueblo natal; ese día mi mamá nos preparó un exquisito sancocho de mondongo con ‘bollito de masa’  tal cual como le gustaba a mi viejo, y él tomó en sus manos uno de los huesos de pata de res que llevaba la sopa y me explicó que esas osamentas las guardaban después de las comidas y después las ponían en el patio por varias horas, para que las hormigas se comieran cualquier vestigio de comida y grasa, dejándolos bien limpios, luego en una especie de reciclaje didáctico retomaban esos huesos bien pelados por los voraces insectos y los usaban para recrearse con ellos como si fueran unas vaquitas, les hacían sus potreros y corrales, los muchachos retozaban felices durante horas con sus ficticias ganaderías.
Gracias a Dios tuve unos padres que procuraron en su momento darme ciertos gustos y juguetes, pero disfruté bastante del entretenimiento con mis amigos durante mi infancia, volando cometas, jugando boliche y bailando trompos de madera, no de plástico como los  de la actualidad.
Hoy día los niños solo quieren jugar ‘Play Station’, ‘Nintendo Wii’ y peor aún algunos están sumidos en las maquinas tragamonedas que hay en algunas  tiendas, de esas que llaman ‘bazuco electrónico’ porque generan una adicción similar a la ocasionada por la maldita droga, ya las tareas no las hacen con diccionario e enciclopedia en mano como anteriormente hacíamos, ahora Google lo hace por ellos.
Qué bonito sería que la tecnología no hubiese llegado de la forma arrolladora que lo hizo, lo más triste es que nosotros mismos nos encargamos de archivar ciertas sanas costumbres, para darle cabida a fantasías efímeras que dizque nos facilitan la vida, acaso no era un mejor detalle redactar una carta con nuestro puño y letra que escribirla a los correos electrónicos, hoy si el internet no funciona o no tenemos un Blackberry entonces no nos comunicamos con nuestros seres amados, ahora llamar por teléfono celular no es lo ‘play’ o lo ‘in’, actualmente lo que está de moda es comunicarnos a través de los mensajes de texto desde estos innovadores aparaticos, sin darnos cuenta nos convertimos en unos autómatas sin identidad que simplemente nos dejamos llevar por lo que la ciencia y la moda nos impongan.
[email protected]