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Columnista - 14 abril, 2013

Chipre impulsaría la corrida bancaria en Europa

Por: Imelda Daza Cotes Esta pequeña isla mediterránea con escasos 9.250km2 de extensión, 1.2 millones de habitantes, miembro de la eurozona desde 2007, era, hasta hace poco, un país floreciente cuyo PIB crecía un 3.8% anual, con una deuda pública baja y refugio de grandes capitales (0.2% del total de depósitos bancarios de la UE) […]

Por: Imelda Daza Cotes

Esta pequeña isla mediterránea con escasos 9.250km2 de extensión, 1.2 millones de habitantes, miembro de la eurozona desde 2007, era, hasta hace poco, un país floreciente cuyo PIB crecía un 3.8% anual, con una deuda pública baja y refugio de grandes capitales (0.2% del total de depósitos bancarios de la UE) atraidos por los bajos impuestos.

Poco a poco la isla empezó a operar como un paraiso fiscal para capitales turcos, rusos, ingleses y griegos que huían de la crisis, evadían impuestos y/o lavaban dinero. Esta economía, si bien pequeña (0.17% del PIB-eurozona) era estable y creciente, basada en un incipiente sector agrícola, un moderado sector industrial y un amplio sector servicios con el turismo como actividad básica y los servicios bancarios como un renglón estratégico. Un sector bancario fuerte y un régimen tributario flexible eran la mejor garantía de solidez económica, aconsejaban los expertos. Nada era cierto, en Chipre ocurrió lo mismo que en otros lados. Los bancos aprovecharon la liquidez para financiar burbujas inmobiliarias y para comprar deuda griega que resultaba rentable por la presión a la que estaba sometida Grecia, pero en 2011 parte de esa deuda fue anulada, la banca chipriota quebró, las agencias calificadoras rebajaron la nota, estalló la crisis y Chipre tuvo que pedir ayuda a la UE. Ni el Banco Central ni los eruditos de la economía supieron advertir lo que venía y a la hora de tomar las grandes decisiones no se consultó al Parlamento donde radica la soberanía popular. Hasta ahí llegaba la democracia para dar paso a la “tecnocracia”.

La Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI)aprobó un cuantioso préstamo a Chipre bajo las ya usuales exigencias de reducción del gasto social, austeridad total, privatización de empresas públicas y un duro impuesto sobre los depósitos bancarios (6.75% para mayores de 100.000 euros y 9.9%para menores) para salvar a los insaciables bancos. Los depositantes tienen que aportar 7 de los 17 mil millones de euros necesarios para el rescate.

La reacción de la gente fue inmediata; todos corrieron a retirar su dinero de los bancos pero ya el fisco había incautado la parte correspondiente al tributo. El gobierno estableció un corralito bancario. El sector financiero está casi paralizado y la actividad económica entró en pánico; ya se ven las empresas “piratas” pendientes de apoderarse del botín: zonas turísticas, recursos naturales y servicios públicos. La Troika ya no inspira confianza, parece jugar con fuego

Este diminuto país ha sacudido a Europa. Lo ocurrido en Chipre ha incrementado la desconfianza en el sistema bancario europeo y amenaza con generar una corrida bancaria en otras economías mayores.

 

Columnista
14 abril, 2013

Chipre impulsaría la corrida bancaria en Europa

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Imelda Daza Cotes

Por: Imelda Daza Cotes Esta pequeña isla mediterránea con escasos 9.250km2 de extensión, 1.2 millones de habitantes, miembro de la eurozona desde 2007, era, hasta hace poco, un país floreciente cuyo PIB crecía un 3.8% anual, con una deuda pública baja y refugio de grandes capitales (0.2% del total de depósitos bancarios de la UE) […]


Por: Imelda Daza Cotes

Esta pequeña isla mediterránea con escasos 9.250km2 de extensión, 1.2 millones de habitantes, miembro de la eurozona desde 2007, era, hasta hace poco, un país floreciente cuyo PIB crecía un 3.8% anual, con una deuda pública baja y refugio de grandes capitales (0.2% del total de depósitos bancarios de la UE) atraidos por los bajos impuestos.

Poco a poco la isla empezó a operar como un paraiso fiscal para capitales turcos, rusos, ingleses y griegos que huían de la crisis, evadían impuestos y/o lavaban dinero. Esta economía, si bien pequeña (0.17% del PIB-eurozona) era estable y creciente, basada en un incipiente sector agrícola, un moderado sector industrial y un amplio sector servicios con el turismo como actividad básica y los servicios bancarios como un renglón estratégico. Un sector bancario fuerte y un régimen tributario flexible eran la mejor garantía de solidez económica, aconsejaban los expertos. Nada era cierto, en Chipre ocurrió lo mismo que en otros lados. Los bancos aprovecharon la liquidez para financiar burbujas inmobiliarias y para comprar deuda griega que resultaba rentable por la presión a la que estaba sometida Grecia, pero en 2011 parte de esa deuda fue anulada, la banca chipriota quebró, las agencias calificadoras rebajaron la nota, estalló la crisis y Chipre tuvo que pedir ayuda a la UE. Ni el Banco Central ni los eruditos de la economía supieron advertir lo que venía y a la hora de tomar las grandes decisiones no se consultó al Parlamento donde radica la soberanía popular. Hasta ahí llegaba la democracia para dar paso a la “tecnocracia”.

La Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI)aprobó un cuantioso préstamo a Chipre bajo las ya usuales exigencias de reducción del gasto social, austeridad total, privatización de empresas públicas y un duro impuesto sobre los depósitos bancarios (6.75% para mayores de 100.000 euros y 9.9%para menores) para salvar a los insaciables bancos. Los depositantes tienen que aportar 7 de los 17 mil millones de euros necesarios para el rescate.

La reacción de la gente fue inmediata; todos corrieron a retirar su dinero de los bancos pero ya el fisco había incautado la parte correspondiente al tributo. El gobierno estableció un corralito bancario. El sector financiero está casi paralizado y la actividad económica entró en pánico; ya se ven las empresas “piratas” pendientes de apoderarse del botín: zonas turísticas, recursos naturales y servicios públicos. La Troika ya no inspira confianza, parece jugar con fuego

Este diminuto país ha sacudido a Europa. Lo ocurrido en Chipre ha incrementado la desconfianza en el sistema bancario europeo y amenaza con generar una corrida bancaria en otras economías mayores.