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Columnista - 26 febrero, 2010

Busqué un hombre

Por: Valerio Mejía  Araújo. “Busqué entre ellos un hombre que levantara una muralla y que se pusiera en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyera; pero no lo hallé”, Ezequiel 22:30 En medio de una situación caótica como esta: -“Tú no eres tierra limpia ni rociada […]

Por: Valerio Mejía  Araújo.

“Busqué entre ellos un hombre que levantara una muralla y que se pusiera en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyera; pero no lo hallé”, Ezequiel 22:30

En medio de una situación caótica como esta: -“Tú no eres tierra limpia ni rociada con lluvia en el día del furor.  Hay conjuración de sus profetas en medio de ella, como de león rugiente que arrebata la presa. Devoraron vidas, tomaron haciendas y honra, multiplicaron sus viudas en medio de ella. Sus sacerdotes violaron mi Ley y contaminaron mis santuarios; entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio. De mis sábados apartaron sus ojos, y yo he sido profanado en medio de ellos. Sus jefes en medio de ella son como lobos que arrebatan la presa: derraman sangre para destruir las vidas, para obtener ganancias injustas. Sus profetas recubrían con lodo suelto, profetizando vanidad y prediciéndoles mentira, diciendo: ‘Así ha dicho el Señor’, y el Señor no había hablado. El pueblo de la tierra oprimía y robaba; al afligido y necesitado hacía violencia y al extranjero oprimía contra derecho”-.
Dios da estas patéticas palabras al profeta Ezequiel para que se las transmita a su pueblo. Insistentemente, Dios se empeña en la búsqueda de hombres que hiciesen vallado a favor de la tierra, pero no se halló.

Quiero tomar este texto del epígrafe para poner en evidencia la gran necesidad que existe de hombres que, por medio de la palabra y el ejemplo, den un paso adelante y detengan el oleaje de la injusticia. Hombres que traigan las gentes de regreso a Dios y así aparten las naturales consecuencias negativas que pende sobre todos nosotros. Si solamente un hombre, se dedicara enteramente a su tarea y se pusiera en la brecha, se subsanaría la necesidad de la hora. ¡Dios estaba buscando hombres, pero no halló a ninguno!
Amado amigo lector, en medio de una situación confusa parecida y en este tiempo coyuntural de escogencia de candidatos que nos representen como líderes regionales y nacionales. ¡Dios también está buscando hombres!
La pregunta que deben responder todos aquellos llamados a ser candidatos es: ¿Los está hallando?
Todos debemos preguntarnos: ¿Dónde están los hombres y mujeres de nuestra región? ¿Las personas fuertes, fieles, preparadas y dotadas con capacidad de servir, con bienes y talentos puestos a beneficio de la causa? Seguro habrá muchos, la mayoría indiferentes y viviendo para sus propias metas.
Aquí debo hablarles con el corazón en la mano a todos nuestros  candidatos sin distinción de partido o color político: Su carisma y don de gentes puede ser notorio, sus testimonios de vida pueden ser validos, sus intenciones pueden ser loables, y su oratoria puede ser convincente; pero si no obedecen a Cristo, van en dirección equivocada y no tienen la más mínima posibilidad de ser factor de alivio y bendición para un pueblo y una región que sufre.

A pesar del testimonio que puedan dar con sus labios, si no están obedeciendo a Jesucristo se hallan perdidos, sin rumbo fijo; desconocen el camino de la reconstrucción plena y mal podrían conducir al pueblo hacia esa tan anhelada restauración.

Como cristianos somos peregrinos, viajeros, extranjeros en la tierra, si permitimos que nuestras raíces se fijen en la tierra, nos atamos y enredamos en la capacidad de servir. Pongamos la mira en las cosas de arriba y sirvamos con alegría en las cosas de la tierra.

Por otro lado, también los felicito y animo a todos aquellas personas valientes quienes colocan a consideración del pueblo sus nombres para ser elegidos. Personas que no se atemorizan de presentar delante de nuestros ojos sus vidas como testimonios fehacientes de propuestas e intenciones sanas. Creo que la política es servicio. Es plataforma de asistencia y ayuda. Es oportunidad de colaboración y favor para los necesitados. Por eso bendigo a todos aquellos candidatos y candidatas que tienen esa intención ferviente en el corazón de servir a nuestra región y a la nación.

Insto a todo creyente verdadero a que nos unamos en oración y acción en procura de elegir a aquellos candidatos que dan muestras de estar construyendo murallas de protección, que se ponen en la brecha delante de Dios a favor de la tierra para implorar la gracia y misericordia de Dios sobre nosotros y nuestras familias, sobre nuestros trabajos y nuestra economía, sobre nuestros planes y proyectos productivos como región.
Insto a todos los candidatos y candidatas a trabajar y luchar para evitar que las consecuencias naturales del alejamiento e indiferencia de Dios, nos toque y nos deje como una tierra del olvido.
Unámonos todos, electores y elegidos y traigamos la primavera del Espíritu Santo a nuestra tierra. Alejemos los odios y la codicia. Apartemos la corrupción y la mentira. Renunciemos a la venganza. Pasemos por alto las ofensas y luchemos juntos para construir un vallado de protección y amor para las generaciones futuras de nuestros hijos.
Únete en oración conmigo: “Querido Dios, Gracias por los hombres y mujeres de verdad que nos representaran delante de la nación. Los bendecimos en tu nombre. Amén.

Te mando un encontrado abrazo en Cristo…
[email protected]

Columnista
26 febrero, 2010

Busqué un hombre

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Valerio Mejía Araújo

Por: Valerio Mejía  Araújo. “Busqué entre ellos un hombre que levantara una muralla y que se pusiera en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyera; pero no lo hallé”, Ezequiel 22:30 En medio de una situación caótica como esta: -“Tú no eres tierra limpia ni rociada […]


Por: Valerio Mejía  Araújo.

“Busqué entre ellos un hombre que levantara una muralla y que se pusiera en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyera; pero no lo hallé”, Ezequiel 22:30

En medio de una situación caótica como esta: -“Tú no eres tierra limpia ni rociada con lluvia en el día del furor.  Hay conjuración de sus profetas en medio de ella, como de león rugiente que arrebata la presa. Devoraron vidas, tomaron haciendas y honra, multiplicaron sus viudas en medio de ella. Sus sacerdotes violaron mi Ley y contaminaron mis santuarios; entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio. De mis sábados apartaron sus ojos, y yo he sido profanado en medio de ellos. Sus jefes en medio de ella son como lobos que arrebatan la presa: derraman sangre para destruir las vidas, para obtener ganancias injustas. Sus profetas recubrían con lodo suelto, profetizando vanidad y prediciéndoles mentira, diciendo: ‘Así ha dicho el Señor’, y el Señor no había hablado. El pueblo de la tierra oprimía y robaba; al afligido y necesitado hacía violencia y al extranjero oprimía contra derecho”-.
Dios da estas patéticas palabras al profeta Ezequiel para que se las transmita a su pueblo. Insistentemente, Dios se empeña en la búsqueda de hombres que hiciesen vallado a favor de la tierra, pero no se halló.

Quiero tomar este texto del epígrafe para poner en evidencia la gran necesidad que existe de hombres que, por medio de la palabra y el ejemplo, den un paso adelante y detengan el oleaje de la injusticia. Hombres que traigan las gentes de regreso a Dios y así aparten las naturales consecuencias negativas que pende sobre todos nosotros. Si solamente un hombre, se dedicara enteramente a su tarea y se pusiera en la brecha, se subsanaría la necesidad de la hora. ¡Dios estaba buscando hombres, pero no halló a ninguno!
Amado amigo lector, en medio de una situación confusa parecida y en este tiempo coyuntural de escogencia de candidatos que nos representen como líderes regionales y nacionales. ¡Dios también está buscando hombres!
La pregunta que deben responder todos aquellos llamados a ser candidatos es: ¿Los está hallando?
Todos debemos preguntarnos: ¿Dónde están los hombres y mujeres de nuestra región? ¿Las personas fuertes, fieles, preparadas y dotadas con capacidad de servir, con bienes y talentos puestos a beneficio de la causa? Seguro habrá muchos, la mayoría indiferentes y viviendo para sus propias metas.
Aquí debo hablarles con el corazón en la mano a todos nuestros  candidatos sin distinción de partido o color político: Su carisma y don de gentes puede ser notorio, sus testimonios de vida pueden ser validos, sus intenciones pueden ser loables, y su oratoria puede ser convincente; pero si no obedecen a Cristo, van en dirección equivocada y no tienen la más mínima posibilidad de ser factor de alivio y bendición para un pueblo y una región que sufre.

A pesar del testimonio que puedan dar con sus labios, si no están obedeciendo a Jesucristo se hallan perdidos, sin rumbo fijo; desconocen el camino de la reconstrucción plena y mal podrían conducir al pueblo hacia esa tan anhelada restauración.

Como cristianos somos peregrinos, viajeros, extranjeros en la tierra, si permitimos que nuestras raíces se fijen en la tierra, nos atamos y enredamos en la capacidad de servir. Pongamos la mira en las cosas de arriba y sirvamos con alegría en las cosas de la tierra.

Por otro lado, también los felicito y animo a todos aquellas personas valientes quienes colocan a consideración del pueblo sus nombres para ser elegidos. Personas que no se atemorizan de presentar delante de nuestros ojos sus vidas como testimonios fehacientes de propuestas e intenciones sanas. Creo que la política es servicio. Es plataforma de asistencia y ayuda. Es oportunidad de colaboración y favor para los necesitados. Por eso bendigo a todos aquellos candidatos y candidatas que tienen esa intención ferviente en el corazón de servir a nuestra región y a la nación.

Insto a todo creyente verdadero a que nos unamos en oración y acción en procura de elegir a aquellos candidatos que dan muestras de estar construyendo murallas de protección, que se ponen en la brecha delante de Dios a favor de la tierra para implorar la gracia y misericordia de Dios sobre nosotros y nuestras familias, sobre nuestros trabajos y nuestra economía, sobre nuestros planes y proyectos productivos como región.
Insto a todos los candidatos y candidatas a trabajar y luchar para evitar que las consecuencias naturales del alejamiento e indiferencia de Dios, nos toque y nos deje como una tierra del olvido.
Unámonos todos, electores y elegidos y traigamos la primavera del Espíritu Santo a nuestra tierra. Alejemos los odios y la codicia. Apartemos la corrupción y la mentira. Renunciemos a la venganza. Pasemos por alto las ofensas y luchemos juntos para construir un vallado de protección y amor para las generaciones futuras de nuestros hijos.
Únete en oración conmigo: “Querido Dios, Gracias por los hombres y mujeres de verdad que nos representaran delante de la nación. Los bendecimos en tu nombre. Amén.

Te mando un encontrado abrazo en Cristo…
[email protected]