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Columnista - 15 mayo, 2010

Bombardino y acordeón

Por: Julio Oñate Martínez A comienzos del siglo XVIII, en el continente europeo, cuando ya se habían desarrollado la mayoría de los instrumentos de viento  fabricados con metal, es cuando empieza a tomar forma la idea del bombardino, en la búsqueda de un instrumento que fuera intermedio entre la trompa y el trombón. El primero […]

Por: Julio Oñate Martínez

A comienzos del siglo XVIII, en el continente europeo, cuando ya se habían desarrollado la mayoría de los instrumentos de viento  fabricados con metal, es cuando empieza a tomar forma la idea del bombardino, en la búsqueda de un instrumento que fuera intermedio entre la trompa y el trombón.
El primero de sus antepasados fue el serpentón, instrumento que adquirió su nombre por su apariencia semejante a una serpiente, que apareció en la bandas de música militares europeas.
La invención de los pistones revolucionó la fabricación de instrumentos de viento, destacándose en este campo el belga Adolph Sax, que en 1843 desarrolló una gama de instrumentos de pistones insuflados a través de una boquilla en forma de copa.
Estos fueron patentados por Sax en parís, hacia 1845, bajo la denominación de los Saxhorns, que por su innovación rápidamente se regaron por todo el mundo. Entre ellos, el bombardino, un instrumento metálico de viento también llamado en inglés ‘eufphonium’, término que viene del  griego ‘euphonos’ que significa  “voz suave”. Su sonido es pastoso y dulce, y potente cuando lo exige la obra, pero nunca es estridente. El bombardino es básicamente un tubo de metal cónico que se ensancha paulatinamente desde la boquilla hasta la campana y está provisto de tres o cuatro cilindros  o pistones.
Su aparición en  nuestro suelo se remonta a finales del siglo XVIII, integrando bandas militares que tocaban música de regimientos. Posteriormente, con el correr de los años fue requerido en la conformación de bandas populares, presentes en toda nuestra geografía.
En ésta primera década del presente siglo, ha surgido en el mundo vallenato una franca hermandad entre el bombardino y el acordeón por parte de los jóvenes interprete del género, quienes en sus conciertos y espectáculos matizan sus temas musicales de corte alegre con fragmentos de porros y fandangos sabaneros donde es el bombardino, por su sonido fiestero, el encargado de darle el agite y el sabor a la ejecución del grupo.
Los antecedentes de esta dupla sonora datan de medio siglo atrás cuando el barranquillero Aníbal Velásquez y el ‘lorano’ (de Ciénaga de Oro) Rosendo Martínez,  produjeron un soberbio L.P. para la disquera Fuentes con el título de “Bombardino y acordeón”, pero interpretando solamente guarachas y danzones, como una respuesta a la maravillosa fórmula de los ‘Corraleros de Majagual’ que impactaban nacionalmente con su música fandanguera. Seguidamente, el negro Alejando Durán seducido por esta nueva sonoridad, nos obsequió también con el bombardino del Maestro Rosendo, el álbum ‘Canto a Sabanas’, donde ya el paseo y el merengue tuvieron su respectiva figuración, pero donde acordeón y bombardino dialogan cordialmente sin que se produjera la fusión de ambos sonidos.
Simultáneamente, Colacho Mendoza se dejó tentar por esta novedosa propuesta y también con el diestro ‘lorano’ nos dejó en la etiqueta Sonolux una memorable producción imponiendo para siempre el paseo ‘La despedida de Luciano Gullo’ y de su autoría el merengue ‘De la Junta pa’ la Peña’.
Posteriormente, el espléndido Aniceto Molina (El Varal -Córdoba),  impuso aquí en Valledupar su conjunto vallenato con el bombardino del maestro cartagenero Julio Rodríguez, alegrando bailes y parrandas que gratísimos recuerdos nos dejaron de esa época bonita de nuestro ayer inolvidable.
Actualmente, todas las agrupaciones vallenatas de prestigio han incorporado un bombardino en sus producciones y presentaciones, no escapando a esto ni los tres cancamanes de siempre; Oñate, Zuleta y Diomedes, pues como dice el refrán “hay que estar a tono con la moda”.
Distinguidos sabaneros como el doctor Julio César Vargas y Alfonso Márquez, son aquí en Valledupar los ilustres embajadores de esa tierra grata, cuna del fandango, el toro guapo y el porro, que cada día estrecha más el vínculo musical y afectivo con el folclor vallenato que al igual que el folclor sabanero, marchan juntos para darle identidad al sentir musical del Caribe Colombiano.

Columnista
15 mayo, 2010

Bombardino y acordeón

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Julio C. Oñate M.

Por: Julio Oñate Martínez A comienzos del siglo XVIII, en el continente europeo, cuando ya se habían desarrollado la mayoría de los instrumentos de viento  fabricados con metal, es cuando empieza a tomar forma la idea del bombardino, en la búsqueda de un instrumento que fuera intermedio entre la trompa y el trombón. El primero […]


Por: Julio Oñate Martínez

A comienzos del siglo XVIII, en el continente europeo, cuando ya se habían desarrollado la mayoría de los instrumentos de viento  fabricados con metal, es cuando empieza a tomar forma la idea del bombardino, en la búsqueda de un instrumento que fuera intermedio entre la trompa y el trombón.
El primero de sus antepasados fue el serpentón, instrumento que adquirió su nombre por su apariencia semejante a una serpiente, que apareció en la bandas de música militares europeas.
La invención de los pistones revolucionó la fabricación de instrumentos de viento, destacándose en este campo el belga Adolph Sax, que en 1843 desarrolló una gama de instrumentos de pistones insuflados a través de una boquilla en forma de copa.
Estos fueron patentados por Sax en parís, hacia 1845, bajo la denominación de los Saxhorns, que por su innovación rápidamente se regaron por todo el mundo. Entre ellos, el bombardino, un instrumento metálico de viento también llamado en inglés ‘eufphonium’, término que viene del  griego ‘euphonos’ que significa  “voz suave”. Su sonido es pastoso y dulce, y potente cuando lo exige la obra, pero nunca es estridente. El bombardino es básicamente un tubo de metal cónico que se ensancha paulatinamente desde la boquilla hasta la campana y está provisto de tres o cuatro cilindros  o pistones.
Su aparición en  nuestro suelo se remonta a finales del siglo XVIII, integrando bandas militares que tocaban música de regimientos. Posteriormente, con el correr de los años fue requerido en la conformación de bandas populares, presentes en toda nuestra geografía.
En ésta primera década del presente siglo, ha surgido en el mundo vallenato una franca hermandad entre el bombardino y el acordeón por parte de los jóvenes interprete del género, quienes en sus conciertos y espectáculos matizan sus temas musicales de corte alegre con fragmentos de porros y fandangos sabaneros donde es el bombardino, por su sonido fiestero, el encargado de darle el agite y el sabor a la ejecución del grupo.
Los antecedentes de esta dupla sonora datan de medio siglo atrás cuando el barranquillero Aníbal Velásquez y el ‘lorano’ (de Ciénaga de Oro) Rosendo Martínez,  produjeron un soberbio L.P. para la disquera Fuentes con el título de “Bombardino y acordeón”, pero interpretando solamente guarachas y danzones, como una respuesta a la maravillosa fórmula de los ‘Corraleros de Majagual’ que impactaban nacionalmente con su música fandanguera. Seguidamente, el negro Alejando Durán seducido por esta nueva sonoridad, nos obsequió también con el bombardino del Maestro Rosendo, el álbum ‘Canto a Sabanas’, donde ya el paseo y el merengue tuvieron su respectiva figuración, pero donde acordeón y bombardino dialogan cordialmente sin que se produjera la fusión de ambos sonidos.
Simultáneamente, Colacho Mendoza se dejó tentar por esta novedosa propuesta y también con el diestro ‘lorano’ nos dejó en la etiqueta Sonolux una memorable producción imponiendo para siempre el paseo ‘La despedida de Luciano Gullo’ y de su autoría el merengue ‘De la Junta pa’ la Peña’.
Posteriormente, el espléndido Aniceto Molina (El Varal -Córdoba),  impuso aquí en Valledupar su conjunto vallenato con el bombardino del maestro cartagenero Julio Rodríguez, alegrando bailes y parrandas que gratísimos recuerdos nos dejaron de esa época bonita de nuestro ayer inolvidable.
Actualmente, todas las agrupaciones vallenatas de prestigio han incorporado un bombardino en sus producciones y presentaciones, no escapando a esto ni los tres cancamanes de siempre; Oñate, Zuleta y Diomedes, pues como dice el refrán “hay que estar a tono con la moda”.
Distinguidos sabaneros como el doctor Julio César Vargas y Alfonso Márquez, son aquí en Valledupar los ilustres embajadores de esa tierra grata, cuna del fandango, el toro guapo y el porro, que cada día estrecha más el vínculo musical y afectivo con el folclor vallenato que al igual que el folclor sabanero, marchan juntos para darle identidad al sentir musical del Caribe Colombiano.