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Columnista - 28 abril, 2010

Bienvenido al territorio

Desde mi cocina Por: Silvia Betancourt Alliegro Si vino al Festival Vallenato es por que la música es de vital importancia para su existencia, por tanto, pise despacio y observe, pues en cualquier calle se puede tropezar con un ser que comulga con el cosmos y no siempre tiene los pies asentados sobre la tierra, […]

Desde mi cocina

Por: Silvia Betancourt Alliegro

Si vino al Festival Vallenato es por que la música es de vital importancia para su existencia, por tanto, pise despacio y observe, pues en cualquier calle se puede tropezar con un ser que comulga con el cosmos y no siempre tiene los pies asentados sobre la tierra, a veces levita en público y escucha el dictado que desde el infinito le hacen ¡No le hable, no lo toque! Obsérvelo con disimulo, tal vez así pueda captar algo de su inmortal espíritu.

Si usted disfruta la música con todos los sentidos; si en su estilo de vida le da cabida constante; si para cada sobresalto (bueno o malo) tiene una canción que le colabora para sobrellevarlo; si atesora las notas musicales dentro de su alma para usarlas donde quiera que esté; si intuye cómo es otra persona por la música que prefiere; si baila incorporando esqueleto e intestinos a la ejecución y además sonríe; si soslaya la estridencia porque insulta su esencia base; si cuando camina – dependiendo del camino- canta y danza para sortear los cantos rodados; si ha captado el murmullo del silencio sin sobresaltarse; si reconoce y disfruta la diferencia de la música creada a cielo abierto de la fabricada en un estudio; si a cada rostro recordado con amor le tiene adherida la música de la época en que tocó su alma; si canta mientras llora y termina por reír de su debilidad; si necesita de la presencia de alguien que cante y baile a su lado mientras vive su cotidianidad, entonces…¡usted es pariente de los ángeles!

Todo el arsenal poético descrito es provisión para el que sabe escuchar, pero hay un manantial al que muy pocos acceden, pertenece a unos elegidos que conocemos como artistas. A ellos les correspondió, cuando Dios hizo el reparto de los atributos para cada ser creado, un trozo más grande de Su esencia.

Ahora tendré (tendremos, le sugiero) que empezar a escuchar cada frase escrita por el compositor que nos arrastra, a cada acto al que asista hay que hacerle seguimiento, porque si tiene dos poderes tan intensos, uno obsequiado por el Creador y el otro que es su esfuerzo…  es que dentro de ese cuero hay un espíritu altamente dotado y capacitado para tocar en el concierto final en el día del Armagedón, hasta hoy no puedo imaginar de quién será la partitura.
[email protected]

Columnista
28 abril, 2010

Bienvenido al territorio

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Silvia Betancourt Alliegro

Desde mi cocina Por: Silvia Betancourt Alliegro Si vino al Festival Vallenato es por que la música es de vital importancia para su existencia, por tanto, pise despacio y observe, pues en cualquier calle se puede tropezar con un ser que comulga con el cosmos y no siempre tiene los pies asentados sobre la tierra, […]


Desde mi cocina

Por: Silvia Betancourt Alliegro

Si vino al Festival Vallenato es por que la música es de vital importancia para su existencia, por tanto, pise despacio y observe, pues en cualquier calle se puede tropezar con un ser que comulga con el cosmos y no siempre tiene los pies asentados sobre la tierra, a veces levita en público y escucha el dictado que desde el infinito le hacen ¡No le hable, no lo toque! Obsérvelo con disimulo, tal vez así pueda captar algo de su inmortal espíritu.

Si usted disfruta la música con todos los sentidos; si en su estilo de vida le da cabida constante; si para cada sobresalto (bueno o malo) tiene una canción que le colabora para sobrellevarlo; si atesora las notas musicales dentro de su alma para usarlas donde quiera que esté; si intuye cómo es otra persona por la música que prefiere; si baila incorporando esqueleto e intestinos a la ejecución y además sonríe; si soslaya la estridencia porque insulta su esencia base; si cuando camina – dependiendo del camino- canta y danza para sortear los cantos rodados; si ha captado el murmullo del silencio sin sobresaltarse; si reconoce y disfruta la diferencia de la música creada a cielo abierto de la fabricada en un estudio; si a cada rostro recordado con amor le tiene adherida la música de la época en que tocó su alma; si canta mientras llora y termina por reír de su debilidad; si necesita de la presencia de alguien que cante y baile a su lado mientras vive su cotidianidad, entonces…¡usted es pariente de los ángeles!

Todo el arsenal poético descrito es provisión para el que sabe escuchar, pero hay un manantial al que muy pocos acceden, pertenece a unos elegidos que conocemos como artistas. A ellos les correspondió, cuando Dios hizo el reparto de los atributos para cada ser creado, un trozo más grande de Su esencia.

Ahora tendré (tendremos, le sugiero) que empezar a escuchar cada frase escrita por el compositor que nos arrastra, a cada acto al que asista hay que hacerle seguimiento, porque si tiene dos poderes tan intensos, uno obsequiado por el Creador y el otro que es su esfuerzo…  es que dentro de ese cuero hay un espíritu altamente dotado y capacitado para tocar en el concierto final en el día del Armagedón, hasta hoy no puedo imaginar de quién será la partitura.
[email protected]