3 septiembre, 2016

El amor, amor, el primer canto vallenato

Ubicándonos cronológicamente en la génesis del canto vallenato, es quizás el ‘Amor, amor’ lo más lejano que encontramos y es notable la gran divulgación que ha tenido en las versiones de varios reyes vallenatos como Alberto Pacheco, Alejandro Durán, Alfredo Gutiérrez, ‘Colacho’ Mendoza y Abel Antonio Villa, entre otros. Quienes le han incorporado temáticas diferentes […]

Ubicándonos cronológicamente en la génesis del canto vallenato, es quizás el ‘Amor, amor’ lo más lejano que encontramos y es notable la gran divulgación que ha tenido en las versiones de varios reyes vallenatos como Alberto Pacheco, Alejandro Durán, Alfredo Gutiérrez, ‘Colacho’ Mendoza y Abel Antonio Villa, entre otros. Quienes le han incorporado temáticas diferentes en los versos improvisados que acompañan el constante estribillo que lo pregona y así encontramos alusiones al galanteo, al doble sentido y hasta elegiacos como los dedicados por Abel Antonio a la muerte de su padre.

Además de su carácter antológico, tiene este canto una significación muy especial, pues habiendo llegado aquí como un himno de guerra para la reconquista española en 1815 y que las tropas del pacificador Morillo así lo cantaban, según lo dejó registrado el investigador bolivarense Lázaro Diago Julio en su obra “Francisco El Hombre, Leyenda y Realidad”, divulgada por el Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las Artes de La Guajira. Riohacha 2011.

Este es el amor, amor
el amor que me divierte
cuando me lanzo al combate
no me acuerdo de la muerte.

Estos versos quedaron en la memoria colectiva de nuestra gente y ya para la guerra de los mil días (1903), en los combates entre liberales y conservadores en tierras de la guajira se escuchaba

Este es el amor, amor
el amor que me divierte
cuando estoy en la batalla
no me acuerdo de la muerte

Terminado el conflicto, este fue llevado al plano parrandero y así quedó:

Este es el amor, amor
el amor que me divierte
cuando estoy en la parranda
no me acuerdo de la muerte.

Esto nos muestra una actitud creativa por parte de los nativos frente a los modelos europeos, pues este himno de guerra por obra y gracia de un acordeón fue convertido por nuestros juglares en el más celebrado canto parrandero del vallenato tradicional.

Su fuerza y carácter folclórico radica en que es un canto surgido de la colectividad y resulta temerario entonces tratar de otorgarle su paternidad a un determinado juglar como erróneamente se ha intentado.