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Columnista - 27 marzo, 2010

Adictos a la tecnología

Por: Julio Mario Celedón Sánchez Los avances de la ciencia supuestamente nos han permitido ‘gozar’ de ciertos  privilegios y comodidades, desde el microondas para acá es bastante lo que se ha inventado y es mucha la tela que aún falta por cortar, en ese aspecto. Me sorprende a sobremanera ver cómo nos hemos convertido en […]

Por: Julio Mario Celedón Sánchez

Los avances de la ciencia supuestamente nos han permitido ‘gozar’ de ciertos  privilegios y comodidades, desde el microondas para acá es bastante lo que se ha inventado y es mucha la tela que aún falta por cortar, en ese aspecto.
Me sorprende a sobremanera ver cómo nos hemos convertido en unos adictos a ciertos aparatos electrónicos, como por ejemplo  el bendito celular, esta herramienta aunque  nos  ha sido de mucha utilidad y laboralmente hablando se ha vuelto un instrumento imprescidindible y supremamente indispensable para poder adelantar con éxito nuestras tareas cotidianas, pero a veces se torna cansón e insoportable cuando no le damos el uso adecuado, por ejemplo cuando algunos individuos reciben llamadas  y comienzan a hablar sus asuntos, obviamente personales, en voz alta, como si a el resto de la humanidad le interesara la conversación.
Esta situación se torna desagradable sobre todo cuando estos teléfonos portátiles comienzan a repicar en recintos cerrados y lugares públicos, especialmente cuando suenan a todo timbal en ciertos actos que demandan compostura, discreción y respeto, como en una iglesia, por ejemplo; también cuando estamos en algún auditorio escuchando a algún conferencista, y no solo en actos serios y académicos sino incluso en lugares de esparcimiento, como teatros o cines; lo lógico sería que lo apagáramos o lo dejemos guardado en el carro y llegado el caso hasta en la casa, pero no, hemos creado un hábito terrible y una total dependencia de estos aparatos, algunos de los cuales parecen unas discotecas ambulantes cuando suenan de manera estridente sus ‘ring tones’ con las canciones de moda o favoritas del usuario.
Ustedes se imaginan lo vergonzante que sería que en un acto supremamente sobrio, como es un velorio comience a sonar un celular con alguna canción jocosa o guapachosa como ‘El ñato mama ron’ o ‘El burro garañón’, o  por aun si es una canción del vulgar de Dolcey Gutiérrez,  aunque suene ridículo y hasta surrealista de seguro esto ha pasado en más de una ocasión, lo cierto es que no podemos vivir sin estos equipos, hasta tragedias automovilísticas y desastres aéreos han ocurrido por el uso indiscriminado del celular.
A esto se le suma ahora la dichosa Blackberry, que se ha convertido en la atracción de grandes y chicos, ese es el aparato de moda, ahora solo se ve la gente con la cabeza gacha clavada en la pantalla de esos ‘bichos’ y con los dedos pulgares digitando sus teclados, no niego la ventaja que dan estos  artefactos, que chévere la inmediatez comunicativa que brinda a sus usuarios, pero creo que se pasan de calidad, muchas veces cuando andan todo el día en función de andar escribiendo en estas maquinitas y especialmente si se trata de pendejadas y cosas sin ninguna importancia, asuntos triviales.
Por otro lado, también están los computadores portátiles, pues ahora con las zonas wi fi en donde hay internet gratis, vemos un sinnúmero de cibernautas sentados en distintos sitios de esparcimiento como restaurantes, cafeterías, clubes, bares, sitios totalmente distintos a cafés internet, en donde la gente lo que menos se sienta a hacer es a consumir ¿y cómo? Si están ocupados chateando y huevoneando  en sus computadores. Como quien dice ‘somos víctimas de nuestros propios inventos’.

julioceledó[email protected]

Columnista
27 marzo, 2010

Adictos a la tecnología

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Julio Mario Celedon

Por: Julio Mario Celedón Sánchez Los avances de la ciencia supuestamente nos han permitido ‘gozar’ de ciertos  privilegios y comodidades, desde el microondas para acá es bastante lo que se ha inventado y es mucha la tela que aún falta por cortar, en ese aspecto. Me sorprende a sobremanera ver cómo nos hemos convertido en […]


Por: Julio Mario Celedón Sánchez

Los avances de la ciencia supuestamente nos han permitido ‘gozar’ de ciertos  privilegios y comodidades, desde el microondas para acá es bastante lo que se ha inventado y es mucha la tela que aún falta por cortar, en ese aspecto.
Me sorprende a sobremanera ver cómo nos hemos convertido en unos adictos a ciertos aparatos electrónicos, como por ejemplo  el bendito celular, esta herramienta aunque  nos  ha sido de mucha utilidad y laboralmente hablando se ha vuelto un instrumento imprescidindible y supremamente indispensable para poder adelantar con éxito nuestras tareas cotidianas, pero a veces se torna cansón e insoportable cuando no le damos el uso adecuado, por ejemplo cuando algunos individuos reciben llamadas  y comienzan a hablar sus asuntos, obviamente personales, en voz alta, como si a el resto de la humanidad le interesara la conversación.
Esta situación se torna desagradable sobre todo cuando estos teléfonos portátiles comienzan a repicar en recintos cerrados y lugares públicos, especialmente cuando suenan a todo timbal en ciertos actos que demandan compostura, discreción y respeto, como en una iglesia, por ejemplo; también cuando estamos en algún auditorio escuchando a algún conferencista, y no solo en actos serios y académicos sino incluso en lugares de esparcimiento, como teatros o cines; lo lógico sería que lo apagáramos o lo dejemos guardado en el carro y llegado el caso hasta en la casa, pero no, hemos creado un hábito terrible y una total dependencia de estos aparatos, algunos de los cuales parecen unas discotecas ambulantes cuando suenan de manera estridente sus ‘ring tones’ con las canciones de moda o favoritas del usuario.
Ustedes se imaginan lo vergonzante que sería que en un acto supremamente sobrio, como es un velorio comience a sonar un celular con alguna canción jocosa o guapachosa como ‘El ñato mama ron’ o ‘El burro garañón’, o  por aun si es una canción del vulgar de Dolcey Gutiérrez,  aunque suene ridículo y hasta surrealista de seguro esto ha pasado en más de una ocasión, lo cierto es que no podemos vivir sin estos equipos, hasta tragedias automovilísticas y desastres aéreos han ocurrido por el uso indiscriminado del celular.
A esto se le suma ahora la dichosa Blackberry, que se ha convertido en la atracción de grandes y chicos, ese es el aparato de moda, ahora solo se ve la gente con la cabeza gacha clavada en la pantalla de esos ‘bichos’ y con los dedos pulgares digitando sus teclados, no niego la ventaja que dan estos  artefactos, que chévere la inmediatez comunicativa que brinda a sus usuarios, pero creo que se pasan de calidad, muchas veces cuando andan todo el día en función de andar escribiendo en estas maquinitas y especialmente si se trata de pendejadas y cosas sin ninguna importancia, asuntos triviales.
Por otro lado, también están los computadores portátiles, pues ahora con las zonas wi fi en donde hay internet gratis, vemos un sinnúmero de cibernautas sentados en distintos sitios de esparcimiento como restaurantes, cafeterías, clubes, bares, sitios totalmente distintos a cafés internet, en donde la gente lo que menos se sienta a hacer es a consumir ¿y cómo? Si están ocupados chateando y huevoneando  en sus computadores. Como quien dice ‘somos víctimas de nuestros propios inventos’.

julioceledó[email protected]