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Editorial - 8 marzo, 2010

A propósito del día de la mujer

Se celebra hoy el día internacional de la mujer, consagrado así por la Organización de las Naciones Unidas, el 8 de marzo, con el fin de reconocer y conmemorar lo que ha sido una lucha difícil, larga, compleja y con muchos altibajos, encaminada a reconocer a la mujer igualdad de derechos frente a los de […]

Se celebra hoy el día internacional de la mujer, consagrado así por la Organización de las Naciones Unidas, el 8 de marzo, con el fin de reconocer y conmemorar lo que ha sido una lucha difícil, larga, compleja y con muchos altibajos, encaminada a reconocer a la mujer igualdad de derechos frente a los de los hombres, en materia política, económica y social. Esa lucha no ha sido fácil.
Es un día histórico, en realidad, que trata merecidamente de reconocer la participación de la mujer, en la construcción de una mejor sociedad para todos, menos injusta, más incluyente y más equitativa.
Esta conmemoración nació en Europa, durante la revolución industrial y la formación del movimiento obrero, cuando la mujer debió salir a buscar también con su trabajo más recursos para la familia. Y las primeras que se atrevieron a salir a buscar esos derechos fueron agredidas por el estado y por los hombres, algunos de los cuales no veían bien esa participación de tú a tú en el mercado laboral.
Hoy, hay que reconocer que en la sociedad moderna, en todo el mundo, se han logrado importantes avances en el reconocimiento de esa igualdad de derechos para la mujer, pero los avances han sido desiguales, sin lugar a dudas.
La punta de lanza la lleva Europa, continente en el cual la mujer ha logrado una mayor autonomía de su vida sexual, social, política y económica, etc.  Y decimos sexual porque ha sido a partir de la píldora anticonceptiva y otros métodos de planificación familiar que la mujer ha podido tener una mayor importancia en el destino de su familia y también del colectivo social. Hoy es la mujer la que puede decidir, en la gran mayoría de los casos, el número de hijos que quiere tener y que cree que la familiar, o ella sola, puede criar y mantener adecuadamente.
En segundo lugar, en el campo educativo han sido indudables los avances: la mujer tiene una capacidad intelectual distinta y en muchos aspectos superior a la de los hombres; por su propia condición, la mujer es más creativa, multifacética, más humana y comprensiva de la situación del otro.
Igual ha sucedido en el campo laboral, gracias a esa apertura de derechos hoy la mujer se ha podido formar profesionalmente y esto le ha permitido participar y ascender en el mundo laboral, en todos los niveles, con lujo de competencia. Hoy, para citar sólo algunos ejemplos, en el campo político, la primera ministra de Alemania es una mujer,  y – para no ir más lejos- en América Latina, en Chile la presidente que pronto dejará  su cargo, es una mujer, Michelle Bachelet, cuya gestión deja en alto a la mujer Latinoamericana. Igual sucede en Argentina, y otro tanto ha pasado en Panamá, Nicaragua, entre otros países.
Pero falta mucho por hacer, indudablemente, en esa tarea de reconocerle a la mujer igualdad de derechos e inclusive muchos estímulos en el sistema educativo, laboral y en otras políticas públicas, para lograr una verdadera equidad de géneros en la práctica social cotidiana.
En muchos continentes, principalmente África, Asia, pero también en América Latina, muchas mujeres sufren duras condiciones de inequidad por la estructura misma de la economía y la sociedad; además de la discriminación propia por ser mujer. Reciben menos salarios a igual trabajo, son víctimas del acoso sexual en sus trabajos y a la gran mayoría les toca hacer las veces de esposa, madre, o madre soltera, y asumir las tareas de la casa de manera adicional a su trabajo.
En el caso de Colombia no debemos olvidar que las mujeres son las principales víctimas indirectas de la guerra, ellas son las que quedan huérfanas y viudas, luego que mueren sus hijos o sus compañeros, y en medio del dolor les toca asumir las riendas de la casa.
De allí que sea una obligación moral del Estado intensificar y extender políticas que busquen superar esas condiciones de inequidad. En todo el sistema educativo, en las escuelas, colegios y universidades; y en el campo laboral se hace necesario flexibilizar los horarios y sin demeritar los salarios y el ingreso de las mujeres, permitirles trabajar medio tiempo, tiempos parciales y facilitarles trabajar desde su casa.

En el Cesar y Valledupar destacamos la labor que en pro de la mujer realizan los despachos de las primeras gestoras del municipio y del departamento, como también el trabajo denodado y silencioso que hacen muchas Organizaciones No Gubernamental, como Corfimujer,  para ayudar a miles de mujeres vallenatas y cesarenses que hoy sufren situaciones difíciles, en materia económica y social. A todas las mujeres sinceras felicitaciones en su día.

Editorial
8 marzo, 2010

A propósito del día de la mujer

Se celebra hoy el día internacional de la mujer, consagrado así por la Organización de las Naciones Unidas, el 8 de marzo, con el fin de reconocer y conmemorar lo que ha sido una lucha difícil, larga, compleja y con muchos altibajos, encaminada a reconocer a la mujer igualdad de derechos frente a los de […]


Se celebra hoy el día internacional de la mujer, consagrado así por la Organización de las Naciones Unidas, el 8 de marzo, con el fin de reconocer y conmemorar lo que ha sido una lucha difícil, larga, compleja y con muchos altibajos, encaminada a reconocer a la mujer igualdad de derechos frente a los de los hombres, en materia política, económica y social. Esa lucha no ha sido fácil.
Es un día histórico, en realidad, que trata merecidamente de reconocer la participación de la mujer, en la construcción de una mejor sociedad para todos, menos injusta, más incluyente y más equitativa.
Esta conmemoración nació en Europa, durante la revolución industrial y la formación del movimiento obrero, cuando la mujer debió salir a buscar también con su trabajo más recursos para la familia. Y las primeras que se atrevieron a salir a buscar esos derechos fueron agredidas por el estado y por los hombres, algunos de los cuales no veían bien esa participación de tú a tú en el mercado laboral.
Hoy, hay que reconocer que en la sociedad moderna, en todo el mundo, se han logrado importantes avances en el reconocimiento de esa igualdad de derechos para la mujer, pero los avances han sido desiguales, sin lugar a dudas.
La punta de lanza la lleva Europa, continente en el cual la mujer ha logrado una mayor autonomía de su vida sexual, social, política y económica, etc.  Y decimos sexual porque ha sido a partir de la píldora anticonceptiva y otros métodos de planificación familiar que la mujer ha podido tener una mayor importancia en el destino de su familia y también del colectivo social. Hoy es la mujer la que puede decidir, en la gran mayoría de los casos, el número de hijos que quiere tener y que cree que la familiar, o ella sola, puede criar y mantener adecuadamente.
En segundo lugar, en el campo educativo han sido indudables los avances: la mujer tiene una capacidad intelectual distinta y en muchos aspectos superior a la de los hombres; por su propia condición, la mujer es más creativa, multifacética, más humana y comprensiva de la situación del otro.
Igual ha sucedido en el campo laboral, gracias a esa apertura de derechos hoy la mujer se ha podido formar profesionalmente y esto le ha permitido participar y ascender en el mundo laboral, en todos los niveles, con lujo de competencia. Hoy, para citar sólo algunos ejemplos, en el campo político, la primera ministra de Alemania es una mujer,  y – para no ir más lejos- en América Latina, en Chile la presidente que pronto dejará  su cargo, es una mujer, Michelle Bachelet, cuya gestión deja en alto a la mujer Latinoamericana. Igual sucede en Argentina, y otro tanto ha pasado en Panamá, Nicaragua, entre otros países.
Pero falta mucho por hacer, indudablemente, en esa tarea de reconocerle a la mujer igualdad de derechos e inclusive muchos estímulos en el sistema educativo, laboral y en otras políticas públicas, para lograr una verdadera equidad de géneros en la práctica social cotidiana.
En muchos continentes, principalmente África, Asia, pero también en América Latina, muchas mujeres sufren duras condiciones de inequidad por la estructura misma de la economía y la sociedad; además de la discriminación propia por ser mujer. Reciben menos salarios a igual trabajo, son víctimas del acoso sexual en sus trabajos y a la gran mayoría les toca hacer las veces de esposa, madre, o madre soltera, y asumir las tareas de la casa de manera adicional a su trabajo.
En el caso de Colombia no debemos olvidar que las mujeres son las principales víctimas indirectas de la guerra, ellas son las que quedan huérfanas y viudas, luego que mueren sus hijos o sus compañeros, y en medio del dolor les toca asumir las riendas de la casa.
De allí que sea una obligación moral del Estado intensificar y extender políticas que busquen superar esas condiciones de inequidad. En todo el sistema educativo, en las escuelas, colegios y universidades; y en el campo laboral se hace necesario flexibilizar los horarios y sin demeritar los salarios y el ingreso de las mujeres, permitirles trabajar medio tiempo, tiempos parciales y facilitarles trabajar desde su casa.

En el Cesar y Valledupar destacamos la labor que en pro de la mujer realizan los despachos de las primeras gestoras del municipio y del departamento, como también el trabajo denodado y silencioso que hacen muchas Organizaciones No Gubernamental, como Corfimujer,  para ayudar a miles de mujeres vallenatas y cesarenses que hoy sufren situaciones difíciles, en materia económica y social. A todas las mujeres sinceras felicitaciones en su día.