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Editorial - 3 mayo, 2010

A propósito de la libertad de prensa

Se conmemoró ayer en todo el mundo el día internacional de la libertad de prensa, por iniciativa de la Unesco (organización de las Naciones Unidas para la Educación y el Desarrollo), con el fin de estimular la reflexión y discusión sobre este derecho fundamental que diariamente se ve amenazado, en mayor o menor medida, en […]

Se conmemoró ayer en todo el mundo el día internacional de la libertad de prensa, por iniciativa de la Unesco (organización de las Naciones Unidas para la Educación y el Desarrollo), con el fin de estimular la reflexión y discusión sobre este derecho fundamental que diariamente se ve amenazado, en mayor o menor medida, en algunos países en el mundo.
Desde 1993, la Asamblea de la ONU escogió el 3 de mayo para conmemorar la libertad de prensa. Este organismo multilateral consideró necesario establecer un día con este motivo, por cuanto a pesar de todos los avances de los sistemas políticos democráticos, en todo el mundo, aún persisten muchas regiones y países en particular donde no se respeta, en la práctica, esa libertad esencial.
Internacionalmente se considera a la libertad de prensa no sólo como uno de los derechos elementales del hombre, artículo 19 de la carta de los derechos humanos, sino también como un instrumento básico para el funcionamiento de verdaderas democracias en lo político y en lo económico. La posibilidad de conocer la forma en que avanzan los gobiernos, la inversión de los recursos públicos, el accionar de gobernantes  y legisladores,  entre muchos otros temas, es factible gracias a la información de una prensa libre, que también debe  ser responsable.
Y a pesar de que formalmente se reconoce eso, en la práctica, en muchos países, particularmente en África, América Latina y Asia, y aún en menor proporción en Europa y Estados Unidos, se presentan a diario riesgos contra ese derecho a la libertad de expresión y opinión. Le corresponde a los periodistas y a los medios de comunicación, pero sobre todo a la ciudadanía exigir de los gobiernos, a todo nivel (nacional, regional y local), respeto a la libertad de expresión, de opinión y de prensa, y – en general- como hemos insistidos desde estas páginas al derecho a la información.
Colombia tiene una amplia tradición jurídica de respeto a la libertad de prensa, formalmente está en su Constitución, pero en la vida cotidiana los periodistas en todo el país, en mayor o menor proporción, sufren distintos tipos de riesgo contra el ejercicio de su profesión: los grupos al margen de la ley, algunos políticos poderosos, algunos servidores del Estado, cuando consideran que la información publicada no les conviene asumen actitudes hostiles contra los medios y contra determinados periodistas en particular.
De allí que no sea gratuito que el Premio Internacional por la Libertad de Prensa, que anualmente entrega la Unesco, lleve el nombre de un extraordinario y valiente periodista colombiano, como fue don Guillermo Cano, director del diario El Espectador, quien murió debido a su actitud y posición de denuncia del narcotráfico y la corrupción.
Hoy en Colombia, a pesar de la legislación existente, durante los últimos ocho años se han registrado distintas modalidades de atentados contra la libertad de prensa: presiona la guerrilla, presionan y amenazan los grupos paramilitares, pero además desde algunas entidades del Estado, también se atenta contra la libertad de prensa. Las chuzadas de las que han sido objeto distintos periodistas independientes  y críticos frente  gobierno, como es el caso de Daniel Coronel, Hollman Morris, entre otros, así lo confirman.
El asesinato en Montería de un periodista radial, ocurrida recientemente, y todos los periodistas que han sido asesinados en lo que va del año, son hechos que ratifican que en nuestro país existen esos riesgos que atentan contra esa teórica libertad de prensa. La misma situación laboral y de falta de seguridad social de los periodistas, en algunos casos sus difíciles condiciones de trabajo, por medio de la venta de publicidad, entre otras figuras, son hechos que –en mayor o menor medida- atentan contra la libertad de prensa.
Ante todo esto, le corresponde a los propios medios y a los periodistas de manera independiente, también, luchar diariamente para afrontar esos riesgos que están allí contra el ejercicio de esta profesión u oficio, como lo llaman algunos, que se ejerce no como una concesión gratuita sino como una altísima responsabilidad que la sociedad ha entregado a sus periodistas y comunicadores.  No se trata sólo de defender esa libertad de prensa, en abstracto sino de luchar por el derecho a la información elemento esencial de la democracia moderna.

Editorial
3 mayo, 2010

A propósito de la libertad de prensa

Se conmemoró ayer en todo el mundo el día internacional de la libertad de prensa, por iniciativa de la Unesco (organización de las Naciones Unidas para la Educación y el Desarrollo), con el fin de estimular la reflexión y discusión sobre este derecho fundamental que diariamente se ve amenazado, en mayor o menor medida, en […]


Se conmemoró ayer en todo el mundo el día internacional de la libertad de prensa, por iniciativa de la Unesco (organización de las Naciones Unidas para la Educación y el Desarrollo), con el fin de estimular la reflexión y discusión sobre este derecho fundamental que diariamente se ve amenazado, en mayor o menor medida, en algunos países en el mundo.
Desde 1993, la Asamblea de la ONU escogió el 3 de mayo para conmemorar la libertad de prensa. Este organismo multilateral consideró necesario establecer un día con este motivo, por cuanto a pesar de todos los avances de los sistemas políticos democráticos, en todo el mundo, aún persisten muchas regiones y países en particular donde no se respeta, en la práctica, esa libertad esencial.
Internacionalmente se considera a la libertad de prensa no sólo como uno de los derechos elementales del hombre, artículo 19 de la carta de los derechos humanos, sino también como un instrumento básico para el funcionamiento de verdaderas democracias en lo político y en lo económico. La posibilidad de conocer la forma en que avanzan los gobiernos, la inversión de los recursos públicos, el accionar de gobernantes  y legisladores,  entre muchos otros temas, es factible gracias a la información de una prensa libre, que también debe  ser responsable.
Y a pesar de que formalmente se reconoce eso, en la práctica, en muchos países, particularmente en África, América Latina y Asia, y aún en menor proporción en Europa y Estados Unidos, se presentan a diario riesgos contra ese derecho a la libertad de expresión y opinión. Le corresponde a los periodistas y a los medios de comunicación, pero sobre todo a la ciudadanía exigir de los gobiernos, a todo nivel (nacional, regional y local), respeto a la libertad de expresión, de opinión y de prensa, y – en general- como hemos insistidos desde estas páginas al derecho a la información.
Colombia tiene una amplia tradición jurídica de respeto a la libertad de prensa, formalmente está en su Constitución, pero en la vida cotidiana los periodistas en todo el país, en mayor o menor proporción, sufren distintos tipos de riesgo contra el ejercicio de su profesión: los grupos al margen de la ley, algunos políticos poderosos, algunos servidores del Estado, cuando consideran que la información publicada no les conviene asumen actitudes hostiles contra los medios y contra determinados periodistas en particular.
De allí que no sea gratuito que el Premio Internacional por la Libertad de Prensa, que anualmente entrega la Unesco, lleve el nombre de un extraordinario y valiente periodista colombiano, como fue don Guillermo Cano, director del diario El Espectador, quien murió debido a su actitud y posición de denuncia del narcotráfico y la corrupción.
Hoy en Colombia, a pesar de la legislación existente, durante los últimos ocho años se han registrado distintas modalidades de atentados contra la libertad de prensa: presiona la guerrilla, presionan y amenazan los grupos paramilitares, pero además desde algunas entidades del Estado, también se atenta contra la libertad de prensa. Las chuzadas de las que han sido objeto distintos periodistas independientes  y críticos frente  gobierno, como es el caso de Daniel Coronel, Hollman Morris, entre otros, así lo confirman.
El asesinato en Montería de un periodista radial, ocurrida recientemente, y todos los periodistas que han sido asesinados en lo que va del año, son hechos que ratifican que en nuestro país existen esos riesgos que atentan contra esa teórica libertad de prensa. La misma situación laboral y de falta de seguridad social de los periodistas, en algunos casos sus difíciles condiciones de trabajo, por medio de la venta de publicidad, entre otras figuras, son hechos que –en mayor o menor medida- atentan contra la libertad de prensa.
Ante todo esto, le corresponde a los propios medios y a los periodistas de manera independiente, también, luchar diariamente para afrontar esos riesgos que están allí contra el ejercicio de esta profesión u oficio, como lo llaman algunos, que se ejerce no como una concesión gratuita sino como una altísima responsabilidad que la sociedad ha entregado a sus periodistas y comunicadores.  No se trata sólo de defender esa libertad de prensa, en abstracto sino de luchar por el derecho a la información elemento esencial de la democracia moderna.