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Columnista - 26 marzo, 2010

A las mujeres

Por: Valerio Mejía Araújo “… vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil y como a coherederas de la gracia de la vida… “ 1 Pedro 3:7 La pasada columna de Mary Daza Orozco  –a quien admiro profundamente-  me motiva a compartir algunos pensamientos acerca  de la mujer; teniendo […]

Por: Valerio Mejía Araújo

“… vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil y como a coherederas de la gracia de la vida… “ 1 Pedro 3:7

La pasada columna de Mary Daza Orozco  –a quien admiro profundamente-  me motiva a compartir algunos pensamientos acerca  de la mujer; teniendo en cuenta que durante parte de la existencia del mundo, las mujeres no han disfrutado del debido respeto ni del lugar de honra que les corresponde en la sociedad.
Las mujeres son un precioso don del cielo. Son creativas, sensibles, compasivas, inteligentes, talentosas, y de acuerdo con la Biblia, son iguales a los hombres.  La mayoría de las mujeres poseen un sexto sentido que les permite detectar rarezas de personalidad o actitudes destructivas que no se notan a simple vista.

Esto no significa que las mujeres sean innatamente mejores líderes que los hombres o que su instinto esté basado en una frecuencia especial con Dios que los hombres no podemos sintonizar.
Lo central es que los hombres y las mujeres se necesitan mutuamente; pueden complementarse uno al otro, deben trabajar juntos, codo a codo en armonía y respetándose el uno al otro, como iguales.
Una de las ideas falsas acerca de la mujer, es que son más débiles que los hombres. Las mujeres paren los niños, y créanme, un ser débil no sería capaz de hacer eso.

Posiblemente nadie querría desestimar la influencia de las mujeres en guardar la casa y educar a los hijos. Donde en ocasiones la historia no ha sido justa es no registrando los excelentes logros de las mujeres en aquellas áreas que generalmente se piensa que son dominadas por los hombres: El gobierno, la política, los negocios, la religión y la ciencia.

Estimada amiga lectora, seas casada o soltera, te encontrarás y deberás tratar con hombres a lo largo de tu vida. Creo que es importante para mantener en alto el nivel de confianza y no dejar resquebrajar la propia valoración, que puedas entenderte a ti misma y entender también que las diferencias entre las mujeres y los hombres son precisamente el factor de cohesión que debería unirnos, en vez de separarnos. Esas diferencias no son mejores o peores, sino simplemente diferencias que nos hacen complementarios. Sí podemos aceptarlas con madurez,  entenderemos y apreciaremos lo bueno que ofrece cada uno de nuestros géneros.
Ah bueno, algunas mujeres tienen tal espíritu competitivo con los hombres que incluso se olvidan de ser mujeres. El refrán: Éste es un mundo de hombres y la mujer que quiera algo tendrá que luchar por ello”, no es real.
Este mundo también es de la mujer. Mujer: Elije creer que éste también es tu mundo y que además no tienes que luchar indebidamente por lograr o demostrar nada, sino confiar y creer que Dios te ayudará a ser todo lo que puedes ser.
Desarrolla todo tu potencial y capacidad. No tienes que competir con un hombre por su posición, tú tienes tu posición propia y debes sentirte cómoda con ella.
La Biblia dice que “su pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento”. Yo creo que los matrimonios, las amistades y las relaciones comerciales se destruyen debido a que los hombres y las mujeres no entienden las diferencias que nos hacen únicos.
Los hombres y las mujeres funcionamos en longitudes de ondas lógicas diferentes. ¡Somos diferentes! Las mujeres quieren se amadas, respetadas, valoradas, cumplimentadas, escuchadas, que se les tenga confianza. Los hombres queremos mantener el carro “al pelo”. Entendernos allanaría las diferencias en el mundo.
Para fomentar la independencia de la mujer o la inter-dependencia me atreveré a ofrecer algunos consejos prácticos para las mujeres de mi tierra: No permita que las personas que te rodean determinen sus valores o modelos de conducta. Deja de intentar ser la “supermujer”, comprende que tienes limitaciones y no puedes mantener contento todo el tiempo a todo el mundo. Aprende a vivir con la crítica y no permitas que te moleste en exceso.
De vez en cuando, lánzate a hacer algo atrevido. Haz algo que la gente no esperaría, eso te mantendrá viva y hará tu vida más interesante. Ten tu propia opinión, aunque no significa que siempre debas dársela a otros; la sabiduría te indicará cuándo hablar y cuándo callar. Sé autentica y niégate a aparentar, no podemos ser lo que otros quieren que seamos.
Aprende a decir: ¡No!, ponte colorada una vez y no pálida cada vez que tiene que decidir sobre algo. Valora y pasa tiempo con aquellas personas que alientan tu individualidad y refuerzan las áreas fuertes de tu personalidad, personas que te aliente y te afirmen, no personas que te confronte y derriben. Imita los niños, ellos son sencillos y sin dobleces, se ríen y lloran mucho, perdonan y confían, son seguros de sí mismos.  Lucha contra el estancamiento, mantén tu vida interesante y disfrute la vida, hazte notar, que el mundo se alegre de que tú estés aquí.
Finalmente, recuerda: “¡con Dios, todas las cosas son posibles!”.
Aprecio infinitamente cada persona, pero especialmente cada mujer que Dios ha colocado en mi camino y oro que todas ellas puedan comprender que su confianza debe estar en Dios más que en cualquier otra persona, cosa o circunstancia. ¡Una mujer segura de sí misma, es aquella que sabe que con Dios todas las cosas son posibles!

Abrazo solidario para todas las mujeres de mi provincia, Bendiciones de lo alto y éxitos en todo lo que emprendan.

[email protected]

Columnista
26 marzo, 2010

A las mujeres

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Valerio Mejía Araújo

Por: Valerio Mejía Araújo “… vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil y como a coherederas de la gracia de la vida… “ 1 Pedro 3:7 La pasada columna de Mary Daza Orozco  –a quien admiro profundamente-  me motiva a compartir algunos pensamientos acerca  de la mujer; teniendo […]


Por: Valerio Mejía Araújo

“… vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil y como a coherederas de la gracia de la vida… “ 1 Pedro 3:7

La pasada columna de Mary Daza Orozco  –a quien admiro profundamente-  me motiva a compartir algunos pensamientos acerca  de la mujer; teniendo en cuenta que durante parte de la existencia del mundo, las mujeres no han disfrutado del debido respeto ni del lugar de honra que les corresponde en la sociedad.
Las mujeres son un precioso don del cielo. Son creativas, sensibles, compasivas, inteligentes, talentosas, y de acuerdo con la Biblia, son iguales a los hombres.  La mayoría de las mujeres poseen un sexto sentido que les permite detectar rarezas de personalidad o actitudes destructivas que no se notan a simple vista.

Esto no significa que las mujeres sean innatamente mejores líderes que los hombres o que su instinto esté basado en una frecuencia especial con Dios que los hombres no podemos sintonizar.
Lo central es que los hombres y las mujeres se necesitan mutuamente; pueden complementarse uno al otro, deben trabajar juntos, codo a codo en armonía y respetándose el uno al otro, como iguales.
Una de las ideas falsas acerca de la mujer, es que son más débiles que los hombres. Las mujeres paren los niños, y créanme, un ser débil no sería capaz de hacer eso.

Posiblemente nadie querría desestimar la influencia de las mujeres en guardar la casa y educar a los hijos. Donde en ocasiones la historia no ha sido justa es no registrando los excelentes logros de las mujeres en aquellas áreas que generalmente se piensa que son dominadas por los hombres: El gobierno, la política, los negocios, la religión y la ciencia.

Estimada amiga lectora, seas casada o soltera, te encontrarás y deberás tratar con hombres a lo largo de tu vida. Creo que es importante para mantener en alto el nivel de confianza y no dejar resquebrajar la propia valoración, que puedas entenderte a ti misma y entender también que las diferencias entre las mujeres y los hombres son precisamente el factor de cohesión que debería unirnos, en vez de separarnos. Esas diferencias no son mejores o peores, sino simplemente diferencias que nos hacen complementarios. Sí podemos aceptarlas con madurez,  entenderemos y apreciaremos lo bueno que ofrece cada uno de nuestros géneros.
Ah bueno, algunas mujeres tienen tal espíritu competitivo con los hombres que incluso se olvidan de ser mujeres. El refrán: Éste es un mundo de hombres y la mujer que quiera algo tendrá que luchar por ello”, no es real.
Este mundo también es de la mujer. Mujer: Elije creer que éste también es tu mundo y que además no tienes que luchar indebidamente por lograr o demostrar nada, sino confiar y creer que Dios te ayudará a ser todo lo que puedes ser.
Desarrolla todo tu potencial y capacidad. No tienes que competir con un hombre por su posición, tú tienes tu posición propia y debes sentirte cómoda con ella.
La Biblia dice que “su pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento”. Yo creo que los matrimonios, las amistades y las relaciones comerciales se destruyen debido a que los hombres y las mujeres no entienden las diferencias que nos hacen únicos.
Los hombres y las mujeres funcionamos en longitudes de ondas lógicas diferentes. ¡Somos diferentes! Las mujeres quieren se amadas, respetadas, valoradas, cumplimentadas, escuchadas, que se les tenga confianza. Los hombres queremos mantener el carro “al pelo”. Entendernos allanaría las diferencias en el mundo.
Para fomentar la independencia de la mujer o la inter-dependencia me atreveré a ofrecer algunos consejos prácticos para las mujeres de mi tierra: No permita que las personas que te rodean determinen sus valores o modelos de conducta. Deja de intentar ser la “supermujer”, comprende que tienes limitaciones y no puedes mantener contento todo el tiempo a todo el mundo. Aprende a vivir con la crítica y no permitas que te moleste en exceso.
De vez en cuando, lánzate a hacer algo atrevido. Haz algo que la gente no esperaría, eso te mantendrá viva y hará tu vida más interesante. Ten tu propia opinión, aunque no significa que siempre debas dársela a otros; la sabiduría te indicará cuándo hablar y cuándo callar. Sé autentica y niégate a aparentar, no podemos ser lo que otros quieren que seamos.
Aprende a decir: ¡No!, ponte colorada una vez y no pálida cada vez que tiene que decidir sobre algo. Valora y pasa tiempo con aquellas personas que alientan tu individualidad y refuerzan las áreas fuertes de tu personalidad, personas que te aliente y te afirmen, no personas que te confronte y derriben. Imita los niños, ellos son sencillos y sin dobleces, se ríen y lloran mucho, perdonan y confían, son seguros de sí mismos.  Lucha contra el estancamiento, mantén tu vida interesante y disfrute la vida, hazte notar, que el mundo se alegre de que tú estés aquí.
Finalmente, recuerda: “¡con Dios, todas las cosas son posibles!”.
Aprecio infinitamente cada persona, pero especialmente cada mujer que Dios ha colocado en mi camino y oro que todas ellas puedan comprender que su confianza debe estar en Dios más que en cualquier otra persona, cosa o circunstancia. ¡Una mujer segura de sí misma, es aquella que sabe que con Dios todas las cosas son posibles!

Abrazo solidario para todas las mujeres de mi provincia, Bendiciones de lo alto y éxitos en todo lo que emprendan.

[email protected]