13 agosto, 2019

A blanco y negro, la doble moral de un pueblo

Agosto comenzó movido, ya casi bordeando la mitad del mes de las cometas, se mueve la doble moral de un pueblo, tanto como se mueve la polarización política en la que estamos sumidos hace tiempo; el siete se cumplió el bicentenario de la batalla de Boyacá, donde se selló en definitiva la independencia de Colombia, […]

Agosto comenzó movido, ya casi bordeando la mitad del mes de las cometas, se mueve la doble moral de un pueblo, tanto como se mueve la polarización política en la que estamos sumidos hace tiempo; el siete se cumplió el bicentenario de la batalla de Boyacá, donde se selló en definitiva la independencia de Colombia, se celebró ese día el primer año de un gobierno que ni fu ni fa.

Se dice que está en proceso de aprendizaje, otros dicen que ni de títere funciona. No funciona la economía y cada vez hay más impuestos, no funciona la salud y los pobres padeciendo los rigores de un sistema nefasto que solo beneficia a los dueños del monopolio; no funciona la educación, ¿A dónde iremos a parar con todo esto? Se evidenció el llamado a audiencia de señalamiento disciplinario al senador Macías el expresidente del senado, el de la última jugadita; que saliendo de su mandato dejó su sello de malandrín a través de la supuesta malicia indígena que nos acerca más a lo poluto que a la esencia limpia de nuestros indígenas. Un micrófono abierto lo delató.

Gritos locales de algunos líderes, también locales, se elevaron por la infame acción de electricaribe de destrozar unos árboles sobre la avenida que conduce al rio guatapurí a la altura del centro comercial; más árboles de los tantos que han caído en las garras nefastas de esta “maravillosa empresa”; esos gritos no tuvieron eco en los medios nacionales, como tampoco los gritos de Edgardo Arteaga el mismo que suplicó por dos árboles que cuidó con el alma, los cuales sembró y vio morir a mano de los responsable del parque de la provincia.

Pero como la doble moral es una realidad y existe, si fue noticia nacional el hecho que un candidato a la alcaldía de Valledupar, cortara las ramas de un árbol para que su valla se viera. No defiendo al Mello Va; el candidato que patrocinó el hecho, solo que de actuar con el mismo rasero otra cosa fuera con el tema de los arboricidios en Valledupar.

Señalamientos van y vienen, ya iniciaron los juegos sucios en el campo político y las campañas se esmeran más en ver como enlodar al otro que presentar propuestas de beneficio colectivo.

Hoy vemos como se siguen indisponiendo amigos y familiares, de un lado y de otro, enemistándose a través de la redes y llevando la política al campo de lo personal para agredir y señalar. Y por otro lado lo oscuro nos arropa, no entendemos que más de lo mismo es un suicidio. Estamos a un pasito, de volver por el camino de la ignominia; escoger a los mismos de siempre y con las mismas mañas.

El tema es de estómago, de cuidar el contratico; no hay de otra. Darle forma a la sentencia “No importa que roben, lo importante es que hagan algo” semejante despropósito es lo que nos lleva a ser inconsecuentes con nosotros mismos; seguiremos padeciendo de reformas fiscales, más impuestos, obras a medias y sin esperanzas de concluir nunca.

Cielos empañados con nubes negras se avecinan para muestro pueblo y la doble moral pululando por ahí. ¿Hasta cuándo? ¡Quizás! Dijera el cacique. Por lo pronto… Sólo Eso.