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Columnista - 24 febrero, 2010

¿Hay que ser ruin para ser político?

Desde mi cocina Por: Silvia Betancourt Alliegro Son muchas las causales que podría mencionar para sustentar esta  sospecha, pero sólo mencionaré las más prevalecientes por motivos de espacio en esta columna. Un humano que como tal nace, crece y se reproduce, llega programado para ser sobresaliente, así sea en su yo interno. Mas no por […]

Desde mi cocina

Por: Silvia Betancourt Alliegro

Son muchas las causales que podría mencionar para sustentar esta  sospecha, pero sólo mencionaré las más prevalecientes por motivos de espacio en esta columna.

Un humano que como tal nace, crece y se reproduce, llega programado para ser sobresaliente, así sea en su yo interno. Mas no por ello lo logra, especialmente por que en su proceso de formación se le introduce como norma de conducta la competencia y ello lo manipula para que intente una vez y otra vencer a todo el que se le ponga enfrente… ¡Qué mala vida la que se da!, pues siempre habrá alguien superior, especialmente en actitudes paternales en las campañas políticas frente a los desamparados a los cuales subyuga para,  a posteriori, clavarles el impuesto o la bala.

Usan a los desvalidos para trepar en la escala salarial, de mando y de poder; así que por obligación tienen que mentir todos los días de su vida que es campaña sin tregua, y hasta a los más allegados convencen de que son los más altruistas y desinteresados seres que Dios creó, hasta el punto que sus hijos aspiran a ser delfines, así jamás lleguen a tocar ‘los umbrales’ que el progenitor les inspira, pero aprenden por el camino que es la manera más segura de conseguir un buen capital a expensas del tesoro público y que jamás invertirán en generar empleo, pues les fascina el sistema financiero que ahora es el primer poder en el planeta.

En lo único que invierte es en cuidados especializados médicos, pues a lo largo de toda su existencia como sinecura tiene que abrazar con alborozo a gente sudorosa, mal vestida, desconocida y probablemente con algún tipo de enfermedad contagiosa, por tanto, es indispensable que se vacune contra todo, pero no hay vacunas contra el cinismo, ¡qué lástima!.

Habrá usted notado que no me refiero al género femenino, porque en Colombia el machismo no ha desaparecido, se ha camuflado en porcentajes por los que las mujeres pueden acceder a los cargos de importancia, no por méritos, que ya de por sí es una ofensa, sino porque están ahí, esperando las migajas que caen de la mesa de los hombres que aún hoy ejercen el derecho de pernada.

Para ser notadas tienen que demostrar que son ‘bien machas’, por tanto, anulan de su esencia la ternura y a la verdadera compasión, que a fin de cuentas sería lo justo y necesario de poseer a la hora de hacer política.

No pienso escribir los nombres de nuestras representantes en la vida nacional, pero usted podrá observarlas y sacar sus propias conclusiones… Somos las más retrógradas del mundo, pero hablamos y actuamos en público como si fuésemos inteligentes y soberanas, a sabiendas que siempre buscamos el respaldo de los hombres para poder subsistir en una sociedad que margina a la mujer que de verdad es dueña de su libre albedrío.

Y si usted mujer que se cree que está haciendo política libremente, me odia en este instante porque estoy haciendo una confesión pública de nuestra lamentable debilidad como seres pensantes, no está de acuerdo, explíqueme por qué no ha convocado a las mayorías, que somos nosotras, para que hagamos un bloque sólido contra el latrocinio que los hombres han ejercido contra la dignidad, la vida humana y el buen nombre de la República de Colombia, durante dos centurias, pero sin tener el signo de pesos camuflado en la conciencia, como es proverbial en ellos.

Entonces, por todo lo anteriormente expuesto, también actuamos con ruindad, quizá por el temor y el ‘respeto’ ancestral que nos inoculan desde la cuna hasta la sepultura por los machos de la especie ¡nuestras propias madres! En consecuencia, podríamos tratar de romper las cadenas ominosas con las que nos atamos a la servidumbre moral y física, amparándonos con el sufragio inteligente; lástima que ahora mismo no hay una representante digna de tan trascendental empresa ¿Será que ya nació?
yastao2@hotmail.com

Columnista
24 febrero, 2010

¿Hay que ser ruin para ser político?

Feel the sand on your feet, not your wardrobe weight.
Silvia Betancourt Alliegro

Desde mi cocina Por: Silvia Betancourt Alliegro Son muchas las causales que podría mencionar para sustentar esta  sospecha, pero sólo mencionaré las más prevalecientes por motivos de espacio en esta columna. Un humano que como tal nace, crece y se reproduce, llega programado para ser sobresaliente, así sea en su yo interno. Mas no por […]


Desde mi cocina

Por: Silvia Betancourt Alliegro

Son muchas las causales que podría mencionar para sustentar esta  sospecha, pero sólo mencionaré las más prevalecientes por motivos de espacio en esta columna.

Un humano que como tal nace, crece y se reproduce, llega programado para ser sobresaliente, así sea en su yo interno. Mas no por ello lo logra, especialmente por que en su proceso de formación se le introduce como norma de conducta la competencia y ello lo manipula para que intente una vez y otra vencer a todo el que se le ponga enfrente… ¡Qué mala vida la que se da!, pues siempre habrá alguien superior, especialmente en actitudes paternales en las campañas políticas frente a los desamparados a los cuales subyuga para,  a posteriori, clavarles el impuesto o la bala.

Usan a los desvalidos para trepar en la escala salarial, de mando y de poder; así que por obligación tienen que mentir todos los días de su vida que es campaña sin tregua, y hasta a los más allegados convencen de que son los más altruistas y desinteresados seres que Dios creó, hasta el punto que sus hijos aspiran a ser delfines, así jamás lleguen a tocar ‘los umbrales’ que el progenitor les inspira, pero aprenden por el camino que es la manera más segura de conseguir un buen capital a expensas del tesoro público y que jamás invertirán en generar empleo, pues les fascina el sistema financiero que ahora es el primer poder en el planeta.

En lo único que invierte es en cuidados especializados médicos, pues a lo largo de toda su existencia como sinecura tiene que abrazar con alborozo a gente sudorosa, mal vestida, desconocida y probablemente con algún tipo de enfermedad contagiosa, por tanto, es indispensable que se vacune contra todo, pero no hay vacunas contra el cinismo, ¡qué lástima!.

Habrá usted notado que no me refiero al género femenino, porque en Colombia el machismo no ha desaparecido, se ha camuflado en porcentajes por los que las mujeres pueden acceder a los cargos de importancia, no por méritos, que ya de por sí es una ofensa, sino porque están ahí, esperando las migajas que caen de la mesa de los hombres que aún hoy ejercen el derecho de pernada.

Para ser notadas tienen que demostrar que son ‘bien machas’, por tanto, anulan de su esencia la ternura y a la verdadera compasión, que a fin de cuentas sería lo justo y necesario de poseer a la hora de hacer política.

No pienso escribir los nombres de nuestras representantes en la vida nacional, pero usted podrá observarlas y sacar sus propias conclusiones… Somos las más retrógradas del mundo, pero hablamos y actuamos en público como si fuésemos inteligentes y soberanas, a sabiendas que siempre buscamos el respaldo de los hombres para poder subsistir en una sociedad que margina a la mujer que de verdad es dueña de su libre albedrío.

Y si usted mujer que se cree que está haciendo política libremente, me odia en este instante porque estoy haciendo una confesión pública de nuestra lamentable debilidad como seres pensantes, no está de acuerdo, explíqueme por qué no ha convocado a las mayorías, que somos nosotras, para que hagamos un bloque sólido contra el latrocinio que los hombres han ejercido contra la dignidad, la vida humana y el buen nombre de la República de Colombia, durante dos centurias, pero sin tener el signo de pesos camuflado en la conciencia, como es proverbial en ellos.

Entonces, por todo lo anteriormente expuesto, también actuamos con ruindad, quizá por el temor y el ‘respeto’ ancestral que nos inoculan desde la cuna hasta la sepultura por los machos de la especie ¡nuestras propias madres! En consecuencia, podríamos tratar de romper las cadenas ominosas con las que nos atamos a la servidumbre moral y física, amparándonos con el sufragio inteligente; lástima que ahora mismo no hay una representante digna de tan trascendental empresa ¿Será que ya nació?
yastao2@hotmail.com