Como planta que crece: así avanza la reintegración de los excombatientes de las Farc

El Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación de Pondores, jurisdicción de Fonseca, La Guajira, habitan más de 200 excombatientes de la antigua guerrilla de las Farc. En medio de proyectos productivos se desarrolla su cotidianidad.

‘Joaquín Gómez’ de la Farc, Anna Pont, jefa regional de la Misión de Observación de la ONU, entre los invitados que estuvieron en el ETCR Pondores.

Era la vocación guerrera o la campesina. La mayoría de aquellos que se alzaron en armas contra el Estado desde hace décadas, específicamente la base, no sabían hacer nada contrario a la confrontación a sangre y fuego, al tiempo que cultivaban su propio alimento y confeccionaban su vestimenta para prevalecer en las espesas selvas de Colombia.

Así que, luego de la firma del Acuerdo Final y el inicio del sensible posconflicto, y mientras la guerra se traslada a las ciudades a través de redes sociales y los medios de comunicación, los que sí empuñaron las armas y los que sí sufrieron la guerra en carne propia están fundidos en una masa colectiva de personas, sacando adelante la siembra del maíz, ahuyama, plátano, así como un proyecto de confecciones que ha sido apoyado por el Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA, y la Misión de Observación de la ONU, garante del proceso desde sus inicios.

Confeccionando prendas para el uso diario, uniformes para personal de la salud, arar la tierra, todo en el marco de la Cooperativa Multiactiva para la Paz de Colombia, Coompazcol, un asociación productiva que tiene en su haber varios proyectos, entre ellos uno de ecoturismo, así transcurren los días de aquellos que marcharon hacia la desmovilización por una carretera destapada de Conejo, corregimiento de Fonseca, para llegar al punto de encuentro en donde entregarían, y finalmente entregaron, las armas.

Anna Pont, de Finlandia, jefa regional de la Misión de Verificación de la ONU en Colombia, trasladó al equipo de EL PILÓN personalmente desde Valledupar hasta el ETCR Pondores, que los excombatientes bautizaron ‘Amaury Rodríguez’. La jefa regional comparte sus experiencias y opiniones sobre el proceso, tal como va. “En este ETCR viven tanto excombatientes como sus familiares. La población es bastante móvil, pueden moverse como cualquier civil colombiano, algunos de ellos trabajan fuera, algunos visitan a sus familiares a otras regiones, entonces se está creando aquí un asentamiento normal con los retos que tienen estos asentamientos en el departamento pero también con bastantes esfuerzos nuevos de reintegración de parte de los excombatientes y las comunidades que los rodean”, dijo la jefa regional, y resalta que este ETCR es uno de los que aún se mantiene en pie, pues en los otros que se establecieron en Colombia poco a poco los excombatientes se han ido a la vida civil y las casas han sido desmanteladas: cuatro ETCR de país desaparecieron pues sus huéspedes volvieron a sus familias y se fueron a las ciudades como nuevos ciudadanos. En muchos solo queda un 50 % de los excombatientes que inicialmente llegaron, pero solo en el Cesar y en La Guajira ocurrió lo contrario: según informaron funcionarios de la ONU, en estos dos puntos ha ocurrido la particularidad de que hay más gente de la que llegó hace dos años. Es decir, excombatientes y sus familias.

En la Colombia urbana, mediática y digital se mueven con fuerza otras preocupaciones. Inconsciente, el colombiano promedio ignora lo que ocurre en esas lejanías. Y los exmiembros de la antigua guerrilla de las Farc también están en lo suyo, lejos de imaginarse que por desconocimiento del proceso vecinos y hermanos están ‘acabándose’ a improperios en la ciudad.

Donisel Cuevas, un excombatiente de las Farc, frente 59, de unos 50 años, de estatura baja, campesino de “la Sierra Nevada”, guía al grupo de periodistas que llegaron hasta el ETCR desde Riohacha y Valledupar. “Aquí ha sido bien, momentos buenos, momentos trabajosos pero aquí estamos. Es una vida sembrando tomate, maíz, ají, frijol. Hay cuatro compañeros en nuestro proyecto, de 250 que viven aquí. Nos levantamos, salimos a trabajar, a cuidar el campo, a fumigar, no hay problemas de ningún tipo”, dice.

En el ETCR Pondores tienen luz, y agua potable en una planta de 15 mil litros. En algunas de las casas prefabricadas se ven antenas de televisión digital. Ahí vieron el Mundial de Rusia y siguen con regularidad las noticias diarias de Colombia. Pero de eso no hablan mucho. El día del recorrido para este informe, todos estaban concentrados en la visita del SENA, de la Misión de Verificación de la ONU, del PNUD y de los periodistas. La Agencia para la Reintegración y Normalización, ARN, tiene oficinas en el ETCR y los acompaña en el proceso. Se trataba de la entrega de 21 máquinas completas para la confección y así ratificar el compromiso de las instituciones que hacen parte de los esfuerzos para que ellos hagan un normal tránsito a la vida civil.

Mientras todos los asistentes al evento se acercaban al salón comunal, por una esquina venía saliendo de su casa en el ETCR el excomandante del Bloque Sur de las Farc, el guajiro Milton de Jesús Toncel Redondo o ‘Joaquín Gómez’ como aún se le conoce.

Acompañado de un esquema de seguridad de personal armado se acerca para la entrega oficial de las máquinas de coser y la firma del proyecto Fariana Confecciones, que hace parte oficialmente de Coompazcol. Esquivo a los periodistas, ‘Joaquín Gómez’ acepta una charla con EL PILÓN luego del corte de la cinta que inauguró la sala de trabajos de las modistas. “Pues el proceso ha tenido algunas deficiencias pero lo que hay que destacar es la labor de compromisos de instituciones como el SENA, y también el ingente esfuerzo que ha hecho la ONU para captar ayuda y materializar los proyectos que están consignados en los acuerdos”, expresó.

Sobre el hecho de que en el ETCR haya sastres, modistas, cultivadores de yuca, plátano y otros productos de la tierra, el exjefe guerrillero dijo: “Son elementos que permiten a la gente nuestra, a los reincorporados, insertarse a la sociedad y ser útil a ella, porque el problema es que si a la gente no se le da la oportunidad de que se formen laboralmente y profesionalmente entonces es como empujándolos prácticamente a un abismo que se llama delincuencia”.

Toncel Redondo es uno de los voceros de Farc en el ETCR y por consiguiente sus posturas sobre el ambiente sociopolítico actual de Colombia, con nuevo Gobierno, son un medidor de cómo han tomado los excombatientes la llegada de Duque a la Presidencia. “Ya dejemos la cosa quieta…”, sonrió, y manifestó prudencia y sensibilidad a los temas. “No hay que ponerse a hablar paja”, concluyó, sin mencionar que un día antes había recibido la visita del nuevo Alto Comisionado para la Paz, Miguel Ángel Ceballos Arévalo.

Coompazcol y sus proyectos

Los habitantes del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación Pondores – ‘Amaury Rodríguez’, están vinculados con varios proyectos de emprendimiento en la Cooperativa Multiactiva para la Paz de Colombia, Coompazcol. Las unidades productivas han sido impulsadas por esfuerzo propio de los excombatientes y por el apoyo de la ONU, la cooperación internacional y el Sena, principalmente. La granja Integral Nueva Colombia, la Ruta Turística Fariana, Abono Orgánico y Ebanistería, y ahora Fariana Confecciones.

Caso exitoso es el de la granja que en el que trabajan 41 excombatientes y 10 miembros de la comunidad vecina de Conejo. En varias hectáreas de tierra cultivan productos que a su vez venden, a través del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, para el funcionamiento del Programa de Alimentación Escolar en La Guajira; en total, los productos cosechados por la granja aportan al PAE en 21 escuelas guajiras. Para el impulso de este proyecto recibieron alrededor de 60 mil dólares de organizaciones internacionales, con los que obtuvieron insumos y máquinas para el trabajo de campo.

FARIANA CONFECCIONES

“Durante mis 13 años en el SENA nunca me había tocado trabajar con una población, por decirlo de alguna manera, especial, como lo son los excombatientes de las Farc”, manifestó la instructora del SENA, Gisela Sierra Toncel, quien viene acompañando desde hace un año al proyecto Fariana Confecciones.

Palabras similares fueron las de Rut Lubo y Deiris Barros, dos amas de casa de Conejo, que sin hacer parte de la población excombatiente, decidieron vincularse al proyecto académico certificado del SENA, aunque inicialmente con temor. “Un poco temerosa al principio pero logré tener una buena amistad con mis compañeros. Tuvimos temor porque no sabíamos cómo era esto pero nos dieron charlas sobre esta población y bueno…”, expresó Rut, quien fue víctima del desplazamiento en el año 2000.

Este caso exitoso se oficializó en Coompazcol. Durante un año contó con la asistencia académica del Centro Agroempresarial y Acuícola de Fonseca, entidad del SENA en La Guajira. Este fin de semana el SENA, la ONU, la ARN, los excombatientes y dirigentes de Coompazcol firmaron un documento que formaliza el proyecto de confecciones. “Las maquinas que tenían son del SENA, ahora quedan con unas máquinas financiadas por organismos internacionales”, finalizó la instructora Sierra Toncel.

Luz Melida Galvis, quien llegó al ETCR desde el Norte de Santander, fue miembro de los grupos armados y su proceso de desmovilización concluyó antes de la firma de los acuerdos de La Habana, sin embargo decidió apostarle al posconflicto con el apoyo de las entidades nacionales e internacionales, al tiempo que cumplía su mayor propósito, que era estar con su hermana menor, quien sí se desmovilizó y entregó las armas en Pondores.

“Nunca imaginé que esto pasara. Yo le pedía mucho a Dios por estar con mi hermanita que es excombatiente y se me ha cumplido porque estamos juntas. Quiero que este proceso siga para que ella se quede con nosotros”, comenta Luz en el salón comunal del Espacio Territorial.

Y así transcurren los días en el lugar. El proceso de reintegración a la vida civil avanza con apoyo de instituciones y el esfuerzo propio de los que decidieron poner fin a la confrontación armada. Lejos del candente debate en las ciudades, los excombatientes de las Farc se preocupan más por seguir produciendo para la sociedad y que les cumplan con las garantías dadas en el Acuerdo Final.