Alfonso Araujo Cotes

Me es grato escribir sobre Alfonso Araujo Cotes, por la relación fraternal que ha tenido con mi familia, especialmente con mi papá, “el señor Aponte”, como él le dice que fue su profesor y le enseñó con Luis Beltrán Dangond en el Liceo Colombia las primeras letras y los primeros conocimientos que recibió para hacerse abogado y posteriormente en 1953 o 52 entró a reemplazar al Doctor Crispín Villazón de Armas en el Juzgado Promiscuo de mi pueblo, los primeros días los vivió en mi casa y posteriormente se libertó y llegó al libertinaje pues allá dejó profundas raíces y amores frustrados.

Nos encontramos nuevamente en el Loperena donde nos dictaba clases de filosofía, por espacio de dos o tres años le aprendimos mucho y los alumnos quedábamos boquiabiertos escuchando a ese joven profesional de planteamientos muy “profundos”; después incursionó en política y su carrera fue brillante y exitosa: secretario de despacho en el Magdalena Grande, Representante a la Cámara, Senador, Gobernador dos veces, diputado, Cónsul y Embajador, pero donde más se le recuerda fue como Director en el desaparecido INSFOPAL, donde no hubo rincón del Cesar y la Guajira que no llegara su mano pródiga a llevar un acueducto donde no había y ampliar donde había y además alcantarillado que por esta región poco se conocía, así creo que acumuló más de 30 años de servicio al Estado y nunca de él se dijo nada malo porque su conducta como funcionario público fue intachable. Ese es el ejemplo que la juventud de hoy debe de imitar.

Doctor Malagón, tiene usted el reto frente al Ministerio de Vivienda, con la ayuda del Viceministro de Hacienda, el Doctor Luis Rodríguez, que maneja el billete, de superar la labor de Alfonso Araujo Cotes, de lo que estoy seguro por lo que oído decir, porque no lo conozco que así será. Ojalá que no me equivoque y además ahora si es verdad que legó la hora de terminar la represa del Ranchería, que el gobierno que acaba de terminar por pura maldad no la miró y comenzar la de Los Besotes y lo primero que hay que hacer, léase bien, es hablar con los dueños de la tierra, los Arhuacos para entrar a negociar con ellos, pues a nadie se le pueden meter a su casa sin su permiso.

Tanto bla, bla, bla y no he distinguido lo más importante que le sucedió al Doctor Araujo en este hermoso Valle; se llevó a la flor más bella que tenía el jardín femenino vallenato, Leonor Baute Céspedes, con quien ya por más de cincuenta años ha formado un hogar ejemplar y admirable con varios hijos y una recua de nietos. Leo es una mujer fuera de lote, la compañera ideal y a sus noventa y pico Alfonso Araujo Cotes le sigue sirviendo a su departamento con sus sabios consejos y claros y contundentes conceptos, pues no es hombre de rodeos, que al pan lo llama pan y al vino vino.

Por José Aponte Martínez