Tras coronarse como el quinto Rey Vallenato en 1972, un remoquete persiguió al acordeonero Miguel López hasta el día de su muerte. El hecho de obtener la corona del Festival de la Leyenda Vallenata, sin acompañar el acordeón con su propia voz y dejar esa responsabilidad en la garganta de Jorge Oñate, quien además tocaba la guacharaca, hizo que muchos lo bautizaran como el ‘Rey Vallenato mudo’.
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Al ser consultado acerca de ese particular apodo, López respondió en una entrevista con este medio en 2018 que, aunque siempre se había dicho que era el “Rey Vallenato mudo”, él cantaba “y bien afinado”.










