Nueve es la cifra que casi nadie recuerda cuando habla de Thriller. No son los sesenta y cinco millones de copias vendidas, tampoco los ocho Grammy de 1984, no es el Moonwalk que Michael Jackson estrenó ante las cámaras en 1983. Nueve canciones. Ese fue el tamaño real del álbum que cambió la historia de la música el 30 de noviembre de 1982. Y de esas nueve, solo siete se atreviieron a salir como sencillos, y de esas siete, apenas un par: “Billie Jean” y “Beat It” son las que hoy, cuatro décadas después, cualquiera tararea sin pensarlo dos veces. “Baby Be Mine” está en el mismo disco. Grabada con el mismo productor, la misma banda, el mismo presupuesto descomunal. Y, sin embargo, honestamente, ¿usted la recuerda?
Ni siquiera El Rey del Pop, en el álbum más vendido de la historia, logró que las nueve canciones fueran igual de buenas. Y ahí, en esa imperfección que nadie le reprocha a Michael Jackson, está la lección que quiero proponerle al Cesar esta semana.
Un índice también es un álbum
El Índice Departamental de Competitividad (IDC) 2025, el termómetro anual que el Consejo Privado de Competitividad y la Universidad del Rosario les toman a los 33 territorios del país (32 departamentos y Bogotá como distrito, que se mide en unidad equivalente de un departamento), no mide una sola cosa. Mide trece pilares: Instituciones, Infraestructura, Adopción TIC, Sostenibilidad ambiental, Salud, Educación básica y media, Educación superior, Entorno para los negocios, Mercado laboral, Sistema financiero, Tamaño del mercado, Sofisticación y diversificación, e Innovación. Trece pilares que se funden en un solo puntaje, tal como nueve canciones se funden en un solo álbum que uno compra, escucha de corrido y juzga como si fuera una sola cosa.






