POR Julio Oñate Martínez
El paseo «El verano» del maestro Leandro es un canto descriptivo de un fenómeno agobiante para casi todos los seres vivos del mundo, con el cual el maestro Leandro Díaz tuvo la intención de rendirle homenaje al solitario jovito (uvito en otras regiones de la Costa), árbol que produce racimos de pequeñas uvas abundantes en goma, que los fumadores de otras épocas utilizaban para pegar las hojas del tabaco artesanal o calilla. Este árbol, enraizado en el centro del patio, le ofrecía al trovador en las tardes soleadas su mediana fronda, cuando algunos versos sueltos y una fresca melodía bullían en su mente tratando de darle vida a una nueva canción.
Al finalizar la última semana de noviembre de 1957, recostado en un taburete de cuero, Leandro comenzó a notar que algunas hojitas del árbol compañero le caían encima y otras rodaban levemente por el suelo. Con el paso de los días y el aumento de la brisa, sabía que su silencioso amigo y confidente se deshojaba al igual que otros árboles del entorno. Conmovido por la suerte del jovito y pensando en los ardientes días que estaban por llegar, intuía que la única manera de burlar las inclemencias de un sol abrasador era buscar la protección de un árbol veranero de los que mantienen su follaje incluso en las condiciones más adversas:











