Cuando la carroza funeraria no puede avanzar sobre la carretera principal que de La Vega Arriba continúa hasta Patillal, el ataúd sigue a hombros. En el corregimiento al norte de Valledupar, las familias conocen ese momento: el vehículo se detiene frente al lodazal y los dolientes del entierro deben buscar por dónde continuar. A veces ponen tablas para intentar el paso. Otras, empujan el carro. Cuando nada de eso funciona, toca bajar al muerto.
“A veces toca dejarlo hasta donde está el primer charco o el segundo y cargarlo al hombro”, cuenta Julia Orozco, líder comunal e integrante de las Pequeñas Comunidades de la iglesia del corregimiento.
El obstáculo es el acceso al cementerio: una carretera deteriorada y el arroyo La Cañada, que atraviesa el recorrido. Según Julia, durante las lluvias el paso se vuelve intransitable y obliga a buscar rutas entre el monte. “Eso toca buscar por un lado, buscar por árboles, por trocha, meterse uno por los espinos, hasta donde pueda llegar”, relata.










