El 2 de abril, Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, es más que una fecha en el calendario: es un llamado a mirar de frente una realidad que atraviesa aulas, familias, trabajos y barrios en ciudades como Valledupar. La ONU instauró esta conmemoración en 2007 para visibilizar el autismo como una condición del neurodesarrollo y recordar que la diversidad neurológica forma parte de la diversidad humana.
Hoy se habla de trastorno del espectro autista (TEA), no de “tipos de autismo” separados como antes se hacía con etiquetas como Asperger o “autismo infantil”. El DSM‑5‑TR describe un espectro con dos ejes principales: diferencias en la comunicación e interacción social y patrones de comportamiento, intereses o actividades repetitivos y poco flexibles. La clasificación actual habla de niveles de apoyo (1, 2 y 3) según cuánto acompañamiento necesita cada persona para desenvolverse en la vida diaria, no de “grados de gravedad”.
Juan José y su madre: autismo en primera persona desde Valledupar
En Valledupar, la historia de Juan José y su madre, María Alexandra Mora, pone rostro local a estas discusiones. Juan José fue diagnosticado con TEA a los dos años y medio. Antes del diagnóstico, su madre notó que no compartía sus juguetes, repetía literalmente lo que le decían, alineaba objetos por color y forma, organizaba filas de dinosaurios y podía pasar largos ratos girando en círculo sin detenerse. En el parque jugaba solo; en el colegio, se salía del salón y se aislaba en un rincón.






