Conocí a la poeta Fadir Delgado junto a su madre y a su hermana, la poeta Fabiola Acosta y Faleimy Delgado, en un festival de poesía alternativa que se realizaba en la ciudad de Riohacha. Corría el año 2009.
Recuerdo con nitidez la lectura de Fadir. Creo que compartía entonces poemas de su primer libro, Casa de Hierro: textos donde aparecía un pez moribundo en una ciudad agonizante; poemas que hablaban de la violencia, de las casas y las terrazas, de esa intemperie que también es interior. Me pareció, desde ese instante, una de las voces más poderosas e inquietantes de aquel festival.
Desde entonces nos ha unido una amistad a la distancia. A través de la Fundación Casa de Hierro, que lidera junto a su madre y su hermana, me han invitado a recitales y encuentros en Barranquilla. También nos hemos reencontrado en otros festivales del país, como el Festival Internacional de Poesía de Medellín, y en distintos espacios literarios donde la palabra vuelve a convocarnos.









