Este lunes 18 de mayo no fue un festivo cualquiera para Valledupar. El ruido habitual con el que despierta la ciudad se apagó de golpe: dejaron de sonar los parlantes de quienes amanecieron escuchando música, las neveras quedaron en silencio, los abanicos dejaron de girar y los aires acondicionados enmudecieron. Así, casi de un momento a otro, comenzó el apagón.
Cerca de las 7 a. m. arrancaron las eternas 10 horas que duraría la suspensión del servicio de energía anunciada desde la semana pasada. Sin embargo, habitantes de distintos sectores aseguraron que desde las 5:30 de la mañana ya se habían quedado sin electricidad, cuando apenas empezaba a clarear el día.
Las calles parecían otro lugar. Unos pocos carros y motos se atrevían a romper el silencio de avenidas que, incluso en horas pico, daban la sensación de un amanecer tranquilo de domingo. Valledupar se sentía vacía, como si buena parte de la ciudad hubiese decidido esconderse del calor y del apagón.
Aunque el anuncio estaba hecho desde días atrás y, como dice el dicho, “el que avisa no traiciona”, las labores programadas por Afinia terminaron sintiéndose como un nuevo golpe para los vallenatos, que en semanas recientes ya venían soportando fallas constantes en el servicio.
La empresa explicó que los trabajos incluían mantenimientos preventivos, adecuaciones técnicas, podas especializadas e intervenciones estratégicas para mejorar la continuidad y estabilidad del sistema eléctrico. Pero mientras las horas avanzaban, en las calles y en las redes sociales lo que más crecía era el desespero, la molestia y el cansancio de los usuarios.
Sin luz y sin agua contra el calor
Curiosamente, en pleno día de la celebración de la Ascensión del Señor, Valledupar parecía tener todo servido para convertirse en un horno. En los días previos, la ciudad había soportado temperaturas cercanas a los 38 grados centígrados y, aunque la mañana amaneció cubierta por nubes, el calor nunca dio tregua.
La temperatura rondó los 33 grados durante buena parte del día y la sensación térmica alcanzó los 36° en las primeras horas de la tarde. Sin abanicos, sin aires y con las ventanas abiertas buscando un respiro, el calor terminó convirtiéndose en otro protagonista de la jornada.
Como si fuera poco, a la falta de energía se sumaron problemas en el servicio de agua en varios sectores de la ciudad. Emdupar informó que la baja presión y las interrupciones obedecieron a una fuerte turbiedad registrada en el sistema de la Planta de Tratamiento de Agua Potable.
Sin semáforos ni reguladores de tránsito
El apagón también puso a prueba la paciencia de los vallenatos en las calles. Con los semáforos fuera de servicio, varias de las principales avenidas quedaron prácticamente a la deriva, entre pitos, maniobras improvisadas y conductores intentando adivinar quién debía avanzar primero.
La ausencia de reguladores de tránsito en algunos puntos críticos terminó aumentando el desorden vehicular en distintos sectores de Valledupar, donde conductores y motociclistas tuvieron que arreglárselas por cuenta propia para cruzar bajo el intenso calor.
Paradójicamente, muchos de los conductores que suelen ignorar los semáforos cuando funcionan, esta vez tuvieron que respetar un semáforo imaginario. La baja afluencia de vehículos ayudó a que, pese al caos, la jornada no terminara marcada por accidentes.
Los centros comerciales salvaron a muchos
La falta de energía también afectó la señal de telefonía y datos móviles en varios sectores de la ciudad. Y como las agendas laborales y académicas no entienden de apagones, cientos de vallenatos terminaron refugiándose en los centros comerciales para poder continuar con sus actividades.
El Centro Comercial Guatapurí y Mayales Plaza comenzaron a llenarse rápidamente de personas armadas con computadores, cargadores y termos de café, buscando un enchufe y un poco de aire acondicionado. Otros simplemente aprovecharon para matar el tiempo y escapar por un rato del calor de sus casas.
El Río Guatapurí fue el punto de encuentro
Pero el verdadero epicentro de la jornada terminó siendo el Río Guatapurí. Fiel a la costumbre vallenata, el balneario se abarrotó desde temprano y se convirtió en refugio para quienes decidieron cambiar el calor de las casas por el agua fría de la Sierra Nevada.
La extraña sensación de soledad en las calles encontraba respuesta a orillas del río, entre música, familias enteras y turistas que llegaron atraídos por el puente festivo. El Ecoparque del Río y el Parque de la Provincia también recibieron a cientos de personas durante la jornada.
Como si se tratara de un Festival Vallenato cualquiera, visitantes de distintas ciudades aprovecharon para comprobar de primera mano la fama del Guatapurí. Uno de ellos fue el bumangués Eliécer Daza, quien aseguró que llegó sin saber que encontraría una ciudad a oscuras.
“Vine desde Bucaramanga para visitar Valledupar, pero me di la sorpresa de que no había luz. Pero la he pasado excelente, es muy hermoso esta vaina acá de verdad… A las personas de otras partes del país les quiero decir que una tarde no alcanza, deben venir a pasar aquí una semana, por el río, los paisajes y todo”, contó.
Recién a las 6 de la tarde, cuando el sol empezaba a esconderse detrás de la Sierra y la noche se acercaba sobre la Capital Mundial del Vallenato, el fluido eléctrico regresó a la normalidad. La ciudad volvió a encenderse poco a poco, mientras los vallenatos cerraban un festivo atípico y se preparaban para regresar a la rutina.






