Este lunes 18 de mayo no fue un festivo cualquiera para Valledupar. El ruido habitual con el que despierta la ciudad se apagó de golpe: dejaron de sonar los parlantes de quienes amanecieron escuchando música, las neveras quedaron en silencio, los abanicos dejaron de girar y los aires acondicionados enmudecieron. Así, casi de un momento a otro, comenzó el apagón.
Cerca de las 7 a. m. arrancaron las eternas 10 horas que duraría la suspensión del servicio de energía anunciada desde la semana pasada. Sin embargo, habitantes de distintos sectores aseguraron que desde las 5:30 de la mañana ya se habían quedado sin electricidad, cuando apenas empezaba a clarear el día.
Las calles parecían otro lugar. Unos pocos carros y motos se atrevían a romper el silencio de avenidas que, incluso en horas pico, daban la sensación de un amanecer tranquilo de domingo. Valledupar se sentía vacía, como si buena parte de la ciudad hubiese decidido esconderse del calor y del apagón.






