Solo se tiene temor a aquello que no se conoce. Cuando se conoce vagamente, el temor lentamente se disipa. Algunas personas están expectantes ante lo que puede ser el avance de la inteligencia artificial (IA) en sus áreas de desempeño laboral, al punto que puedan amenazar su permanencia en el tiempo en el puesto de trabajo. Otras experimentan el temor de facto en cuanto a su inmediata sustitución por una IA.
Los vientos gélidos del temor van desapareciendo cuando se conoce al potencial enemigo. Y para ayudar en ese nuevo conocimiento, se propone un sencillo sistema de factores o criterios para determinar qué tanta posibilidad hay que una persona sea impactada por la IA en el campo laboral en el que se halla inmersa.
LA CLASE DE ACTIVIDAD
Un primer criterio, bastante elemental, es determinar si una actividad es operativa, administrativa o creativa. Una actividad operativa como abrir o cerrar válvulas, tomar muestras de agua, activar controles está en bastante riesgo por ser reemplazada por la más básica IA. Del mismo modo, una actividad administrativa como recibir correspondencia, enviar correos electrónicos, administrar agendas de reuniones, responder llamadas y sistemas de mensajería, posee gran riesgo de automatización mediante IA. Mientras que una actividad creativa es adaptativa a las necesidades del contexto con respuestas únicas o espontáneas, muy compleja para ser emulada.











