En una ciudad donde la tierra casi nunca tiembla, es fácil pensar que el riesgo sísmico es un problema de otras regiones. No lo es del todo. Y hay una segunda amenaza, más silenciosa, que tiene que ver con algo tan cotidiano como el calor con el que fundimos nuestro concreto.
El docente investigador de Areandina, Luis Carlos Tapia Vela, desmitifica la relación entre el calor y los sismos, y analiza el riesgo real en el Cesar.