Durante los carnavales vallenatos de 1965, en el Salón Central, del empresario Marcelo Calderón, el gancho para los bailadores era la orquesta del maestro Juan Piña y sus muchachos, de gran ritmo y espléndidos en la interpretación del porro y el fandango.
La historia de esta agrupación es digna de un documental al estilo de Ernesto McCausland, y no puede contarse sin mencionar al hombre que vio en Rafael un diamante en bruto: Emilio Oviedo, legendario acordeonero
La canción describe a un hombre mujeriego, que enamora a las parejas de sus amigos y conocidos.
La bumanguesa, que canta y toca el acordeón, empezó su carrera a los 12 años de la mano de Los Niños del Vallenato. Su primer disco está nominado a los Grammy Latino y compite por el gramófono que se entregará el 15 de noviembre.