Diofanol, es un joven de 27 años, que solo puede mover los ojos, vive en un barrio humilde de Pelaya, con la señora María Moreno, quien lo cuida desde que tenía algunos meses de vida, en un destartalado ranchito a las afueras de Pelaya, donde viven en condiciones de extrema pobreza.
“Una mañana hace casi treinta años, escuché el llanto de un niño en la casa siguiente donde vivíamos, y cuando entré a esa vivienda, estaba vacía, en el suelo estaba el niño, desde entonces me hice cargo de él, pues no se supo de quien es hijo, claro que al principio movía las manos, pero con el tiempo fue perdiendo todoS los movimientos, hoy, parece un vegetal”, explicó María Moreno.
Con lágrimas en los ojos doña María, recuerda lo que ha sufrido a lo largo de más de cuatro lustros de peripecias y necesidades, de un lado para otro con su hijo adoptivo, hoy hombre enfermo.
El diagnóstico
“El médico me dijo que estaba enfermo de meningitis, no puede valerse por él mismo, los alimentos son líquidos y se los doy en tetero, muchas veces solo puedo darle agua de panela porque no hay más, me toca comprarle diariamente sus pañales, cada día lo saco y lo baño, cuando no hay pañales me toca colocarle trapos viejos , pero ahora me desespero aún más, sus huesos sufren una extraña enfermedad, se están saliendo de su puesto, debe estar todo el día con tapa bocas, pues las moscas, le han producido infecciones y gusano”, comentó María Moreno.
El profesor Eguis Palma Esquivel, en una visita que le hizo la mujer que cuida del joven enfermo, se enteró que la angustiada mujer que cuida a Diofanol, requiere con urgencia la ayuda de todos los habitantes de Pelaya y del Cesar.
“Pedirle a todo el que me pueda ayudar, que no me miren como muchos en Pelaya, que me miran y no me ven, como si Diofanol y yo fuésemos transparentes, cada vez que me van a arrendar una casa me toca ir sola, cuando me ven viviendo en ella con Diofanol, enseguida me la piden y tengo que andar de un lado para otro, necesitamos un ranchito propio donde vivir tranquilamente, imagínese que hace más de veinte años, me donaron desde Japón, una silla-camilla de ruedas, pero por el uso ya que en ella saco a Diofanol, cuando salgo a pedir limosna para alimentarlo, se le partieron varias varillas, lo peor del caso es que está hecha con un material desconocido que no coge soldadura y en estos momentos me impide movilizarlo, esa es otra gran necesidad que tenemos”, dijo María Moreno.
Basta mirar la pobreza y la miseria en la que está inmerso Diofanol, para comprender el sufrimiento en que vive la mujer que se convirtió en madre de Diofanol.
Red de solidaridad
Hace unos días, gracias a la campaña que ha iniciado la Fundación “Semillas de Esperanza de Pelaya”, se ha creado un grupo de Facebook llamado “una vida digna para Diofanol”; muchas personas han conocido a través del video, las condiciones infrahumanas como vive este joven, una de ellas, la familia Warr Cañizares desde los Estados Unidos, han querido sumarse a esta campaña enviando una ayuda, que es la base con que se cuenta para intentar comprar un lote, para construirle la casa que Diofanol y su madre adoptiva necesitan.
Consternados le hicimos la pregunta final
“Mis temores son muchos, temo que nadie me pueda dar la mano para brindarle a Diofanol la ayuda especializada a través de una institución médica, temo que él, pueda morir durante esas crisis de asfixia que le dan cada noche, por eso vigilo todas las noches al pie de su camastro, temo que la gente nos siga mirando sin vernos, pero mi mayor temor es que yo me vaya antes que él, porque entonces quien me lo va a cuidar”, puntualizó finalmente María Moreno.






