Nunca antes, como en estos tiempos, el hombre había tenido tantas posibilidades de acceso a la información, al conocimiento y a la cultura, en general. Los medios de comunicación, la internet y las redes sociales, entre otros instrumentos de las llamadas nuevas tecnologías, han logrado convertir al mundo y al conocimiento en una verdadera “aldea global”, de la que hablara uno de los principales teóricos de la comunicación de masas.
Sin embargo, y paradójicamente, vivimos en una sociedad superficial, donde todo es light, donde sólo pareciera importar lo frívolo, el espectáculo, hedonismo y lo fácil, y el individualismo, en lugar de la solidaridad, y el placer a toda costa, en lugar del trabajo y el compromiso, parecieran ser los máximos valores y referentes de la población actual, principalmente de la más joven.
El problema viene siendo objeto de estudios en las universidades, principalmente en las facultades de ciencias sociales, donde hay muchas tendencias críticas a esa característica de la sociedad actual, caracterizada por el consumismo, lo desechable y el cambio permanente de la moda. Pero la problemática ha vuelto ha plantearse a raíz del último libro del escritor Mario Vargas Llosa, premio nobel de literatura: “La civilización del espectáculo”.






