Nada más universal que el amor, en su presencia y su ausencia (el desamor); nada tan necesario para la prolongación de la humanidad que el vínculo de apareamiento entre el hombre y la mujer.
Así que, referirnos a nuestra pareja es un hecho recurrente de habla; además, cada generación lo ha hecho de una manera y, de una región o país a otra, se revela cómo el contorno sociocultural incide en estas denominaciones.
Hay unas voces, o construcciones léxicas que sirven como vocativos para la interacción verbal entre parejas, desde los más comunes como ‘amor’ y su apócope ‘mor, ‘querido (a)’, ‘gordo (a)’, ‘cariño’ entre otros. En Colombia, ocurre un caso especial de habla: el esposo le dice a la esposa ‘m´ija’ (mi hija) y a los hijos ‘mami’ y ‘papi’, es decir, se intercambian las denominaciones.











