PALABRAS DE VIDA ETERNA
Por: Marlon Javier Domínguez
El Dios en quien creemos dista mucho de ser un “tirano omnipotente” que pretende obligarnos a toda costa a hacer lo que su soberana voluntad dicta y que se enfada, se decepciona o indigna en caso de que no queramos; el Dios en quien hemos puesto nuestra fe no es una especie de “dictador insensible” que descarga sus iras o cierne su olvido sobre los súbditos que no cumplen sus designios. Dios es, ante todo, el Padre bueno que, respetando de nosotros el uso de la libertad que nos otorgó, acepta nuestras decisiones y se vale de ellas para conducir la nave de la historia humana – aún a través de un enardecido mar – hasta el puerto deseado de la felicidad.






