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Falta de transporte en carne propia

La odisea de Nidia Guerra y sus hijos empieza muy temprano, a las 4:00 de la mañana. Todos los días se levanta, les hace el desayuno y los manda para la entrada del pueblo a buscar un alma samaritana que los lleve hasta la cabecera municipal para asistir al colegio, ya que lo que gana […]

Falta de transporte en carne propia

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La odisea de Nidia Guerra y sus hijos empieza muy temprano, a las 4:00 de la mañana. Todos los días se levanta, les hace el desayuno y los manda para la entrada del pueblo a buscar un alma samaritana que los lleve hasta la cabecera municipal para asistir al colegio, ya que lo que gana trabajando en casas de familia solamente le alcanza para “malcomer” y no puede pagarles un transporte ya que ni la alcaldía ni la gobernación les está suministrando el transporte gratuito a que tienen derecho.

Nidia, una mujer de contextura delgada, vive en una humilde vivienda, en el corregimiento de Los Pondores, es madre de soltera y tiene siete hijos, de los cuales cuatro estudian bachillerato en la cabecera municipal de San Juan del Cesar y los otros tres cursan la primaria en el centro educativo de la población, y como dice ella “Me ahorro el pasaje de los que estudian aquí”.

Afirma la señora Guerra, una mujer de 42 años, a la que la vida lo la ha tratado muy bien, y que lleva tatuado en la piel el maltrato del destino, con voz entrecortada, en un tono lleno de nobleza, con un tinte de ingenuidad y de conformidad, que caracteriza a la gente de los pueblos, que lo que se gana lavando y planchando ropa ajena y haciendo labores domésticas en casas de familia, no le alcanza para pagarle un transporte asus hijos, que cuesta dos mil (2000) pesos y cuando la gasolina venezolana aumenta, los mototaxis arbitrariamente lo suben a tres mil (3000) pesos. Haciendo la operación, para el caso de la señora Nidia, son ocho (8) mil pesos diarios, que no tiene de donde sacarlos.” A veces me provoca sacarlos del colegio y así evitarme y evitarles tanto sufrimiento”.

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