CULTURA

El Camino de los Antiguos: cartografía de una fe y arqueología de un olvido

prueba reina de la existencia del “Camino de los Antiguos”, una ruta que unió la fe de los nazarenos con el Caribe. Foto: Archivo General de Indias / PARES.

En el silencio reverencial del Archivo General de Indias en Sevilla, bajo el eco de los legajos de la Sección Santa Fe, el destino concedió a mis manos un documento cuya existencia parecía confinada al etéreo reino de la memoria oral.

El mapa "Proyecto del camino desde Nueva Valencia y Valle Dupar hasta la ciudad de Santa Marta", trazado por Joseph Aparicio en 1793. Este documento, custodiado en el Archivo General de Indias, es la prueba reina de la existencia del "Camino de los Antiguos", una ruta que unió la fe de los nazarenos con el Caribe. Foto: Archivo General de Indias / PARES.

El mapa "Proyecto del camino desde Nueva Valencia y Valle Dupar hasta la ciudad de Santa Marta", trazado por Joseph Aparicio en 1793. Este documento, custodiado en el Archivo General de Indias, es la prueba reina de la existencia del "Camino de los Antiguos", una ruta que unió la fe de los nazarenos con el Caribe. Foto: Archivo General de Indias / PARES.

Por: Jesus

@el_pilon

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En el silencio reverencial del Archivo General de Indias en Sevilla, bajo el eco de los legajos de la Sección Santa Fe, el destino concedió a mis manos un documento cuya existencia parecía confinada al etéreo reino de la memoria oral. Se trata del plano titulado “Proyecto del camino desde Nueva Valencia y Valle Dupar hasta la ciudad de Santa Marta”. Este hallazgo es validación empírica de una herencia inmaterial que, por siglos, habitó en los relatos de los baluartes de Valencia de Jesús.

La tradición, transmitida con celo por figuras de la talla del recordado Juan Bautista Morales Montero —erudito de nuestra historia cuya ausencia aún gravita como una sombra melancólica sobre la Hermandad de Jesús Nazareno—, nos hablaba de una ruta mística y tortuosa. Aquellos “antiguos”, como Carmelo Quiroz Fragozo, Milciades Rodríguez, Fabio Fernández Villazón, Eusebio Rosado, Teobaldo Guerra, entre otros, cuyos nombres resuenan con la autoridad de la experiencia, describían un sendero de mulas y fe que conectaba el Valle con el mar. Hoy, la ciencia cartográfica del siglo XVIII nos da la razón; el camino existió, y su trazo es el testimonio de una lucha titánica contra la indómita geografía americana.

No obstante, esta validación documental nos obliga a reflexionar sobre la naturaleza ontológica de la tradición oral, la cual, si bien es el alma de los pueblos, reside en un equilibrio precario entre la preservación y la distorsión. La memoria supérstite, al carecer del rigor del registro fáctico, suele estar sujeta a la erosión del tiempo, al anacronismo o a la hipérbole mítica, lo que a menudo relega testimonios de incalculable valor al nebuloso terreno de la fábula. Por ello, el hallazgo de esta cartografía rescata un trazado físico que redime la palabra de nuestros ancestros, rescatándola de la vulnerabilidad del olvido y otorgándole la categoría de verdad histórica irrefutable.

La dama de alcurnia y la talla del Nazareno

El relato ancestral sitúa hacia el año 1758 a una dama de insigne alcurnia, mecenas de la imagen de nuestro Señor Jesús Nazareno. Su devoción la obligaba a una peregrinación anual los Jueves Santos hacia la Iglesia de San Francisco en Santa Marta. No obstante, ante la senectud ineludible y la hostilidad manifiesta de la ruta, su piedad se materializó en la talla de la sagrada imagen que hoy custodia antedicha congregación.

Esta simbiosis entre la fe y la infraestructura no podría ser meramente accidental. La talla del Nazareno en Valencia de Jesús representa una “geografía de la sustitución”; ante la imposibilidad física de transitar un camino que la administración colonial apenas lograba “domesticar”, el símbolo sagrado se asienta en el territorio para traer la metrópoli espiritual al interior del Valle. El “Camino de los Antiguos” se convierte así en un cordón umbilical que, al cortarse por la fragilidad de la carne y el rigor del clima, da vida a una identidad religiosa propia y autónoma.

El mapa descubierto, cuya autoría intelectual se atribuye al gobernador Andrés Pérez Ruiz Calderón (datado circa 1767-1793), no es sino el intento administrativo por domesticar ese trayecto. El texto inserto en la cartela es de una elocuencia administrativa suprema:

“Razón de las distancias, que hay de los parajes más conocidos, en el Camino, que por orden del Gobernador y Comandante General interino Don Andrés Pérez Ruiz Calderón, y a sus expensas, se facilitó para transitar desde la Ciudad, y Población de la Nueva Valencia, y Valle Dupar, hasta la Ciudad de Santa Martha, sin la dilación que hasta aquí se ha experimentado…”

La “peligrosidad” que los nazarenos antiguos mencionaban con respeto no era una hipérbole. Ya en 1697 y 1699, el Cabildo de la Nueva Valencia del Dulce Nombre de Jesús elevaba quejas ante el Rey, calificando el viaje de 80 leguas como una molestia “innecesaria y peligrosa”. El mapa es un inventario de estos suplicios:

La Sabana de los Tábanos: Marcada con precisión quirúrgica, este paraje representaba una tortura entomológica. En el clima húmedo de la zona, la plaga de tábanos diezmaba la voluntad de los arrieros y el ímpetu de las bestias.

Es imperativo precisar, para el rigor de la memoria, la naturaleza del tábano (familia Tabanidae), cuya presencia otorgaba nombre a una de las sabanas más temidas del trayecto. Este díptero braquícero está dotado de un aparato bucal en forma de estiletes; su picadura es una incisión dolorosa que busca el flujo sanguíneo, provocando en las mulas y caballos un estado de frenesí y agotamiento que podía dar al traste con la expedición. En la economía del camino, el tábano era un enemigo tan formidable como la misma selva.

El Alto de las Minas: Las sombras pronunciadas en el dibujo denotan un ascenso de una verticalidad formidable. En tiempos de pluviosidad, este tramo se convertía en una trampa de fango y despeñaderos donde la vida de hombres y mercaderías pendía de un hilo.

A la complejidad orográfica se sumaba la hidrografía indómita que el mapa documenta con profusión. El trazado obligaba al viajero a vadear múltiples cauces tributarios y ríos de importancia —como el Ariguaní—, cuyas corrientes, carentes de infraestructuras de paso permanentes, representaban un peligro constante de “avenidas” o crecientes súbitas. Estos pasos fluviales dilataban la jornada, y ponían en riesgo la integridad de los fletes y la vida misma, convirtiendo cada cruce en un acto de fe frente a la fuerza del piedemonte de la Sierra.

El asedio de la Nación Chimila

Al describir el camino como “des-cubierto”, el cartógrafo alude al constante asedio de la Nación Chimila, cuya resistencia guerrera mantuvo en vilo la hegemonía española durante siglos. El camino no solo se luchaba contra la selva, sino contra el arco y la flecha de quienes defendían su territorio. Esta resistencia no fue un fenómeno periférico, sino el factor determinante que reconfiguró la demografía regional; el asedio constante de la Nación Chimila fue de tal severidad que obligó a la población a desplazarse de sus asentamientos primigenios, precipitando su refundación definitiva hacia 1590 en el emplazamiento que ocupa actualmente. No obstante, la hostilidad indígena persistió como una herida abierta en la administración colonial, tal como lo atestigua la profusa documentación de finales del siglo XVIII y principios del XIX. En estos anaqueles destaca la figura de Juan de la Rosa Galbán, quien, investido con los títulos de alcalde mayor provincial de la Ciudad de Valencia de Jesús y capitán pacificador provisional de la Conquista de la Nación Bárbara Chimila, personificó la última ratio de la Corona para intentar someter una geografía que el arco y la flecha mantenían inexpugnable.

Es imperativo para las futuras generaciones de historiadores reconocer la jerarquía que el mapa otorga a la “Ciudad de Nueva Valencia de Jhs”. Lejos de ser un caserío de paso, el documento la posiciona como un nodo estratégico igualable a Valledupar. Era la aduana del espíritu y el comercio; el último bastión de civilidad antes de internarse en las fauces de la serranía.

Al escudriñar de manera prolija la iconografía urbana del mapa, resalta un detalle de profunda relevancia antropológica. Las unidades habitacionales de la Ciudad de Nueva Valencia aparecen circundadas por empalizadas o cercas de estantillos. Estas estructuras, lejos de ser meros linderos, constituían el primer baluarte defensivo de la “civilidad” frente a la “barbarie”. En un territorio sometido al asedio perenne de la Nación Chimila, la cerca de estantillos fungía como una fortificación rudimentaria pero vital, diseñada para repeler incursiones y salvaguardar la integridad de los solares en una frontera que se cerraba sobre sí misma para sobrevivir.

Esta configuración arquitectónica responde, asimismo, a la dinámica económica que el historiador Hugues Sánchez (2024) describe como la tensión constante entre la estancia pecuaria y el núcleo urbano. Valencia de Jesús, como epicentro de la producción de ganado ‘vacuno, caballar y cabrío’ en la gobernación, se veía compelida a blindar sus solares para gestionar el flujo de las manadas que partían hacia Santa Marta. El mapa de Aparicio no solo registra un camino de fe, sino la arteria vital de un sistema donde el ‘Camino de los Antiguos’ servía como canal de exportación de la riqueza pecuaria regional hacia el Caribe, obligando a los vecinos a proteger sus huertas del tránsito incesante de las bestias.

Desde una perspectiva puramente cartográfica, el trabajo de Joseph Aparicio (firmante del mapa) se adscribe a la estética de la ilustración tardía, donde la precisión de las distancias en leguas y varas convive con la representación pictórica de los accidentes geográficos. La escala de siete leguas castellanas es una declaración de la soberanía técnica española sobre un territorio que, hasta entonces, solo se conocía a través del paso incierto del arriero.

Es aquí donde la historia de bronce se funde con el patrimonio inmaterial de nuestra región. No es gratuito que la memoria de este camino haya pervivido con mayor nitidez en los archivos del alma de los nazarenos de Valencia de Jesús que en los anaqueles oficiales del Estado. La custodia de este relato por parte de la Hermandad trasciende más allá de lo religioso; es un acto de resistencia cultural. 

Este mapa es la piedra rosetta de nuestra identidad regional. Reivindica la palabra de nuestros ancestros y sitúa a Valencia de Jesús en el epicentro de la conectividad colonial. El “Camino de los Antiguos” ya no es solo una leyenda susurrada en los jueves de Semana Santa; es una realidad trazada en tinta y pergamino que aguarda ser preservada como la reliquia más sagrada de nuestra historia.

Sirvan estas líneas como un tributo póstumo a la lucidez de Juan Bautista Morales Montero, cuya voz fue el faro que guio esta investigación hacia las aguas del Archivo de Indias. Su ausencia es hoy una presencia viva en cada legajo descubierto, confirmando que la palabra empeñada de los antiguos posee una veracidad que el tiempo, lejos de borrar, termina por consagrar.

Fuentes:

  • Aparicio, J. (1793). Proyecto del camino desde Nueva Valencia y Valle Dupar hasta la ciudad de Santa Marta, con razón de las distancias. Archivo General de Indias (AGI), Mapas y Planos, Santa Fe, 121. Disponible en el Portal de Archivos Españoles (PARES): https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/description/390163
  • Sánchez, H. (2024). Dos zonas productoras de ganado “vacuno, caballar y cabrío” en la gobernación de Santa Marta: Valledupar y Valencia de Jesús, 1740-1810. Revista Fronteras de la Historia, Vol. 29, Núm. 1, pp. 206-241. Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH). DOI: https://doi.org/10.22380/20274688.2468
  • ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN DE COLOMBIA (1805-1806). *Indios Chimilas: su reducción.*. Archivo General de la Nación[CACIQUES_INDIOS,30,D.81]. Serie: Archivo General de la Nación de Colombia > Sección Colonia > Caciques e Indios > Indios de Mátima, Doima, Tuta, Une, Tupía, Yuca, otros. > Indios Chimilas: su reducción.. Recuperado el 4/2/2026. Disponible en el Portal Dataviva: https://dataviva.archivogeneral.gov.co/explore/agn/detail/66acf5f7a58c7bfd59b888f7

Por Jesús Daza Castro

Especial para EL PILÓN

Temas tratados
  • Camino de los Antiguos

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