A menudo, al pensar en los fieles difuntos, vienen a la mente los nombres de una madre, un padre, un compadre, un vecino, una pareja, un abuelo o una abuela, un profesor querido o un compañero de trabajo entrañable. Siempre hay un nombre grabado en mármol, acrílico o fibra de vidrio; incluso los nombres más humildes están escritos en témpera sobre concreto: Luis, María, Xiomara, Uriel, Ana Delia, Gail, Alejandro…
Cada año, el 2 de noviembre se conmemora a los fieles difuntos, una fecha que tradicionalmente se asocia con visitas a los cementerios y misas. Sin embargo, cada vez más este día pierde su relevancia tanto desde el aspecto religioso y simbólico como desde el económico. A medida que las tradiciones se adaptan a las nuevas realidades sociales y culturales, el verdadero sentido de esta fecha se confunde en la Era Digital.
Pocas compras para los difuntos
Lady Pineda trabaja en una marmolería de la ciudad, ayudando a las personas a rendir el último tributo a sus seres queridos. Ella comenta: “Respecto a la afluencia de clientes durante el Día de los Muertos, este año ha sido inusualmente tranquilo. Generalmente, esta temporada es buena para nosotros; sin embargo, en comparación con años anteriores, hemos notado una disminución en el volumen de trabajo. En años pasados, llegamos a rechazar trabajos debido a la alta demanda. Este año ha sido diferente; eventos como el Día de la Madre o el Día del Padre suelen ser más activos para nosotros. La mayoría de los trabajos que realizamos son para placas nuevas; muy pocas personas solicitan cambios en las placas existentes”.











